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be ejercer con ella tanta mayor severidad, cuanto anuncia una perseverancia en la maldad.

Si los hombres, los ciudadanos ó los súbditos tienen deberes que llenar ácia sí mismos y ácia los demás, los pueblos están sujetos á reglas y á deberes, ya ácia ellos mismos, y ya ácia los otros pueblos.

Los deberes de una nacion para consigo misma son vivir conforme á su naturaleza, y y perfeccionarse para conservarse. Conocerse bien es el elemento de su conservacion.

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a La nacion que adquiere por el derecho natural la facultad de gobernarse como mejor le parece en sus relaciones con los pueblos estrangeros, recibe por una consecueneia del mismo principio el derecho de darse las leyes que, la convienen, y puede cuando la acomode reformar su gobierno y modificar su constitucion. Las potencias estrangeras no pueden ni deben oponerse a ello, á menos que la nueva organizacion que, adopte esta nacion, se dirija á su, destruccion particular. ., o .L. yi . -zi Los deberes de los magistrados supremos se reducen, á conservar y ejecutar las leyes; y los de los ciudadanos ó súbditas iá someterse á, ellas y resistirse á; todo órden que les sea contrario, . . . . ... o

El magistrado verdaderamente digno de este nombre debe saber que, en cualquier categoría que se halle colocado el dispensador de la justicia, siempre es juez, y por consiguiente debe tener la autoridad y la circunspeccion de tal. Debe pesar sus acciones con un santo temor; juzgar por sí mismo todos sus juicios antes de pronunciarlos (1 3 o); y tener siempre presente que su conducta está sujeta al examen mas severo, no sea que el estado padezca con el remedio que creyó conducente aplicarle (1 3 1). Ha de estar persuadido que su mayor delito sería vender la justicia, y que debe contentarse con el estipendio que le asignan las leyes (1 32); que su tiempo es todo del público (133); que debe desconfiar de la autoridad de los ejemplos, luz engañosa y sombría de que se sirven los sofistas para hacer que sucumba la equidad (134); que antes de servir de instrumento á la injusticia ó á la arbitrariedad, ha de preferir renunciará su encargo; que los objetos principales de su prudencia han de ser su conducta privada y los negocios del público; y por último, que la integridad, o la contimencia, la economía, la decencia, la actividad, la gravedad, la templanza de genio, la presencia de ánimo, y un conocimiento filosófico de las leyes han de ser los principales caracteres que le distingan (1 35).

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Siendo uno de los primeros deberes del magistrado, ó de los magistrados supremos que tienen sobre sí el honroso peso de la autoridad pública, fomentar el comercio y la industria, y conservar ó procurar la abundancia, es evidente que pueden admitir ó prohibir el comercio, animarle ó tolerarle. El modo de obrar en este caso será bueno si redunda en beneficio del interés nacional; en el caso contrario la misma nacion tiene el sagrado derecho de quejarse y de exijir una reforma. Por consecuencia inmediata el sistema administrativo debe presentar en sus resultados la base y la solucion de las cuestiones importantes que se han suscitado acerca de los privilegios de las compañías exclusivas, la balanza del comercio, las aduanas, &c.

El magistrado encargado de la adminis-. tracion interior debe velar sobre la educacion física y moral de los niños; hacer que se construyan, en beneficio del comercio, caminos, canales, puentes y mercados; cuidar de que la moneda nacional tenga una eorrespondencia útil con las estrangeras; asegurar por medio de buenos reglamentos el modo, la naturaleza y buena fé de las permutas y cambios; proteger las ciencias, las letras y las ártes; arraigar en el corazon de la juventud el amor á las buenas costumbres y á la virtud, dirigiendo sábiamente los estudios; por último, hacer del amor de la pátria la mas sólida de todas las virtudes, estrechando de este modo los vínculos de la familia.

Hacer inamovibles, á menos que no prevariquen, los miembros de los tribunales depositarios de la justicia civil, criminal y de policía; disponer que los tribunales y no la autoridad administrativa (que en tal caso sería juez y parte á la vez) arreglen los intereses contradictorios del fisco con los particulares, caracteriza á un gobierno de justo. Fomentar la poblacion, la agricultura y el comercio, es propio de un gobierno, que quiere asegurar la felicidad pública, manteniendo la abundancia en el interior y su consideracion en el exterior.

“Un gobierno sábio y moderado no con-. »viene nunca en que el derecho de propie» dad concluya con la vida del propietario, » ni en que sobre los bienes vacantes por » muerte de éste, solo se reconozca otro de» recho propiamente dicho que el del Estado” (1 36). La consecuencia de esta paradoja es que el Estado es el árbitro soberano de los propietarios; consecuencia que

desfierra, toda idea, razonablecen economía pelítica, al mismo tiempo que destruyo, to-, da pocioa de libertad pública 222a on rojo (8 Gon efecto, asilcohmo pnepileido se como pone de muchas familias, y una nacion de muchos pueblos, así tambien todos dos biemesodelo estado consister en la reunion de riquezas de que las familias; los pueblos y, la nacion tienen el dominio útil. En la familia, pues, y, no en el Estado que es hijo de familia, es en donde tuvo origen el primer título de propiedad; y si el estado, hereda bienes suyo legítimo queño es des. conocido, es porque el órden de la sociedad ha querido que, lo que no perteneciese á persona determinada, perteneciese á todos (137). oso Roma, puso en manos dél Estado la soberanía señorial, y esa misma orgullosa Roma, despueso de haber denigrado á sus reyes, y cubierto la tierra de sangre y, de ruinas, y de haberse saciado de oro, se humilló como uñas esclava,á les pies de los Césares, de los Mários y de los Sylas, coro * Como el objeto de todo estado es la perfeccion, y siendo imposible concebir la idea de una a cosa perfecta sirle falta la union de osús partes y la unidad del todo, aquella sociedad, será mas perfecta que á la unidad de su gobiernoi y de su legislacion q

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