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Copiado de Paulo. (§. inicial, ley i, tit. II, lib. XLVU del Dig.)

Comentarlo.

Fuves.— Esta palabra, que en latin se aplica solo al que hurta, es traducida generalmente entre nosotros por la de ladrón, si bien en rigor este último vocablo comprende tanto al quo hurta como al iiue roba.

3 Furtorum autem genera dúo sunt: manifestum, et nec manifestum. Nam concoplum et oblatum species potiús actionis sunt furto coherentes, quam genera furtorurn , sicut inferiüs apparebit (a). Manifestus fur est, quem Graei '6ir' Oúto'íwsco appellant: nec solüm is , qui in ipsó furto deprehenditur (b) , sed etiam is, qui eó locó deprehenditur, quó fit, veluti qui domi furtum focit, et nondüm egressus januam deprehensus fuerit, et qui in olivetó olivarum, aut in vinetó uvarum furtum fecit, quandiíi in olivetó aut in vinetó fur deprehensus sit (c), immó ulteriüs furtum manifestum extendendum est, quandiú eam rem fur tenens visus vel deprehensus fuerit, sive in publicó, sive in privató, vel a dominó, vel ab alió , anlequam eó perveniret, quó perferre ac deponere rem destinasset. Sed si pertulerit, quó destinavit, tametsi deprebendatur cum re furtiva, non est manifestus i'ur(rf). Nec manifestum furtum quid

Hay dos clases in hurto, el ma- 3 nificsto y el no manifiesto, porque los hurtos óonce-ptum y oblatum son mas bien clases de acciones adherentes al hurto que. géneros de hurto, como aparecerá después (o). El ladrón manifiesto es el que los griegos llaman 'en' aüiotpwpio, esto es, aprehendido en fragranté delito; y no solamente se entiende esto de aquel que es cogido en el momento mismo en que se comete el delito (b), sino también del que lo es en el lugar en que se perpetra; por ejemplo, el que habiendo cometido un hurto dentro de una casa es aprehendido antes de salir por la puerta, y el que habiendo robado aceitunas en un olivar ó uvas en una viña, es cogido en el olivar ó en la viña (c). Debe ademas eslenderse el hurto manifiesto al caso en que el ladrón, teniendo aun la cosa y no habiendo llegado al lugar donde se habia propuesto llevarla ó depositarla, hubiere sido visto ó detenido, bien sea en sitio

sit, ex his, qua; diximus, intellegitur: nara quod manifestum non est, id scilieet nec manifestum cst le).

público ó privado, por el dueño ó por cualquier otro. Pero el ladrón, una vez llevada la cosa al sitio que le destinó, no será ladrón manifiesto aunque sea cogido con la cosa furtiva (d). De lo dicho se infiere cuál es el hurto no manifiesto, porque el no manifiesto no tiene los caracteres que distinguen al manifiesto (e).

(a) Tomado de Cayo. (§. 183, Com. III de sus Inst.)

(6) Tomado de Ulpiano. (§. inicial, ley 3, til. II, lib. XLVII del Dig.)

(e) Tomado de Cayo. (§. 184, Com. 111 de sus Inst.)

(d) Conforme con Paulo. (§. 2, tit. XXXI, lib. II de sus Sentencias.)

(e) Copiado de Cajo. (§. 183, Com. III de sus Inst.)

Comentarlo.

Genera dúo sunt.— Gayo dice que Servio Sulpicio y Masurio Sabino dividían el hurto en cuatro clases: en manifiesto, en no manifiesto, y en los llamados conceptum y oblatum, y que Labeon tan solo admitia las de manifiesto y no manifiesto, fundándose en la razón que copia Justiniano en este párrafo, á saber: que las denominaciones de conceptumy oblatum, mas que clases particulares de hurto significan especies de acciones adherentes al delito. Esta última opinión es la adoptada por Cayo (1), á quien sigue Justiniano en el texto, separándose de la opinión de Paulo (2) que admitia la división cuatrimembre de los Sabinianos. A las clases referidas de hurtos deben añadirse las llamadas furtum prohibitum y furtum non exhibitum de que se habla en el párrafo siguiente, á las que también puede aplicarse lo que aquí se dice del furtum conceptum y oblatum, esto es, que son mas quo clases de hurtos especies de acciones inherentes al hurto.

Manifestus fur est. — Dase el nombre de ladrón manifiesto al que es sorprendido con la cosa hurlada antes de llegar al sitio á que queria llevarla. Esta es la opinión que prevaleció, porque como se infiere de los textos de Cayo y de Paulo que ya quedan citados, había otras tres opiniones acerca del particular: según una era necesario que el ladrón fuera sorprendido precisamente en el momento de apoderarse de la cosa; según otra bastaba que fuera sorprendido en

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el mismo lugar en que se cometiera el delito; y según otra, por último, era ladrón manifiesto aquel en cuyo poder se encontraba la cosa robada aun después de haber llegado al lugar en que había querido depositarla ú ocultarla.

Visas vel deprehensus.— Ulpiano (1) dice, citando la autoridad de Pomponio, que la aprehensión constituye el ladrón manifiesto, y por lo tanto si el ladrón se esconde para que no lo mate el dueño que vió cometer el hurto, el hurto no será manifiesto. Añade después el mismo jurisconsulto (2), apoyándose en la autoridad de Celso, que no dejará de ser ladrón manifiesto aquel á quien se vió hurtar, y que encontrándose perseguido huyó arrojando el hurto. Aunque al primer golpe de vista parece que hay contradicción entre lo que tomó Ulpiano de Pomponio y lo que adoptó de Celso, considerando atentamente los casos, se ve que son diferentes, y diferentes también los motivos de la decisión de cada uno.

Quod manifestum non est, id nec manifestum est.— No necesitaba Justiniano hacer esta referencia que copió de Cayo, cuando acababa de decir que era ladrón no manifiesto aquel que habia llevado la cosa hurtada al punto en que habia pensado depositarla, aunque después se le aprehendiera con ella.

Dícese que hay el hurto llamado conceptum, cuando la cosa hurtada ha sido buscada y encontrada en casa de alguno á presencia de testigos , porque se da contra el, aunque no sea ladrón, una acción es

Conceptum furtum dicitur, cum apud aliquem testibus praesentibus, furtiva res qusesita el inventa sit: nam in eum propria actio constituta est, quamvis fur non sit, quse appellatur conccpti. Oblatum furtum dicitur, cüm res furtiva ab ali- i pecial que se llama furti concepti.

quó tibí oblata sit, eaque apud te concepta sit, utiqué si eá mente tibí data fuerit, ut apud te potiús, quám apud eum, qui dederit conciperetur: nam tibi, apud quem concepta sit, propria adversús eum, qui obtulit, quamvis fur non sit, constituía est actio, qua¡ appellatur oblati. Est etiam prohibiti furti actio adversús eum , qui furtum quserero testibus praesentibus ve—■ lentem prohibuerit. Prajterea poena constituitur edicto praitoris per actioncm furti non exhibiti adver

Dícese que hay hurto llamado oblatum , cuando la cosa hurtada te ha sido entregada por alguno y encontrada en tu casa, si el que te la dió lo hizo con la intención de que fuera mas bien hallada en tu casa que en la suya: en este caso tú, en cuya casa ha sido encontrada la cosa, tienes contra aquel que te la dió, aunque no sea ladrón, la acción, llamada furti oblati. Hay también una acción llamada furti prohibiti contra el que se opone á que se busque en su casa á presencia de

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sus eum, qui furtivam rera apud se quaesitam et inventam non exhibuit. Sed liae actiones, id est, conrepti et oblati, et furti prohibiti, neo non furti non exhibiti, in demeludinem abierunt. Cúm enim requisitio rei furtiv;e hodié secundüm veterem observationem non fit: mérito ex consequentia etiam prafatae actiones ab usu communi recesse— runt, cura manifcstissimum est, quod omncs , qui sciontes rem furtivam susceperint et celaverint, furti nec manifesti obnoxii sunt,

testigos la cosa liurtada. Ademas el edicto del pretor estableció por medio de la acción furti non exhibiti una pena contra aquel que no presentó la cosa hurtada que fué buscada y encontrada en su casa. Pero estas acciones furti concepti, furti oblati, furti prohibiti y furti non exhibiti, cayeron en desuso: en efecto, debían su existencia al antiguo solemne modo de hacer pesquisas respecto á la cosa robada, y no hallándose ya en uso este modo , quedaron las acciones sin objeto, estando fuera de toda duda que cuantos á sabiendas hayan recibido ú ocultado la cosa furtiva quedan sujetos á la acción de hurto no manifiesto.

ORIGENES.

Copiado de Cayo. 186, 187 y 188, Com. III de sus Inst.)
Comentarlo.

Conceptum furtum. — De las cuatro clases do acciones á que esle texto se refiere, las dos primeras, furti concepti y furti oblati, dimanaban de la ley de las Doce Tablas; y las dos últimas, furti prohibiti y furti non exhibiti, del edicto del pretor.

No puede asegurarse de un modo positivo qué es lo que los romanos llamaban furtum conceptum. La ley de las Doce Tablas que hablaba de él, según la restituyó Jacobo Gothofredo siguiendo á Aulo Gelio , se halla concebida en estos términos: si furtum lance licióque conceptum escit, atque uti manifestum vindicator. Qué se entendía por lanx, qué por licium, es cosa que no está bien conocida. Suponen algunos que licium era la tela de que se valían los ladrones para envolver y atar las cosas furtivas, y que lanx era una vasija que ponian delante de los ojos de los que podían observarlos, para que no los conocieran. Dicen otros que el furtum conceptum era un hurto muy próximo al sacrilegio, en que algunos impostores, á la sombra de religión, ceñidos como sacriíioadores y llevando en la mano una vasija para colectar limosnas, conseguían asi su intento de hurtar: de este modo esplican las palabras lance licióque de las leyes de las Doce Tablas. Dejando aparte otras muchas interpretaciones y desvarios que acerca «le este punto se encuentran en los autores, diré que en nuestras escuelas había prevalecido generalmente la esplicacion de Heineccio, que dice en sus Antigüedades que se llamaba furtum conceptum per lancem el licium, el que se descubría con un rito que los romanos tomaron de los atenienses: los que querían bus.car en casa agena las cosas hurtadas, tenian derecho de hacerlo entrando desnudos para evitar la sospecha que podia formarse de que para calumniar á los dueños de la casa introducían bajo la ropa lo que se proponían encontrar, llevando por razón de decencia una especie de tonelete que llamaban licium, y una vasija horadada, lanx, para cubrirse el rostro á manera de máscara, máscara que llevaban por razón de pudor para no ser conocidos por las mujeres. Estas opiniones, y otras varias menos probables que acerca de este punto se han aventurado, no pasan de ser meras conjeturas. El jurisconsulto Cayo, después de decir que la ley prescribía que el que quisiere buscar la cosa hurtada debia hacerlo desnudo, nudus, ceñido con un lienzo, linteó cinctus, llevando una vasija, lancem habens, y que lo asi encontrado era considerado como hurto manifiesto (i), parece que mas bien que esplicar tales solemnidades ya derogadas por la ley Ebucia, se propuso burlarse de ellas; hé aquí sus palabras: Se ha tratado de investigar que' es lo que se entendía por linteum; parece lo mas verdadero que era una especie de trage con el que se cubria la parte del cuerpo que la decencia aconsejaba; asi es ridicula toda la ley, porque el que prohibe que un hombre vestido busque la cosa hurtada, este mismo prohibirá también que la busque el que está desnudo, con tanto mas motivo, cuanto que buscada asi y hallada se incurre en mayor pena. Ademas, ó bien se mande que se lleve la vasija para que ninguna otra cosa pueda haber en las manos del que la lleva, ó para poner en ella lo que se encontrare, nada de esto procede si lo que se busca es de tal tamaño 6 naturaleza que ni pueda abarcarse ni pueda ponerse en la vasija (2). El hurto descubierto de esta manera era el que llamaban furtum lance licióque conceptum, el cual se equiparaba, como queda dicho, al hurto manifiesto. Ademas de este, habia otro hurto á que se daba simplemente el nombre de furtum conceptum, denominación que se aplicaba cuando el objeto hurtado se descubría sin la forma solemne antes mencionada. Este hurto era castigado con la pena del triplo en virtud de la ley de las Doce Tablas, disposición que conservaron los pretores en su edicto (3).

Oblatum. — El texto esplica claramente qué es lo que so eutendia

¡1) $. 192, Cora. III do sus Iust.

(2) g. 1911 del mismo Comentario.

(3) £. 191 Ue! uiismu Comentario.

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