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LIBRO CUARTO.
TITULO I.

De los obligaciones que nacen del
delito.

Delito, delictum, es la contravención voluntaria á una ley penal. Todo el que lo comete se sujeta a reparar el daño que ha ocasionado y á sufrir la pena que el derecho establece. Esta responsabilidad tanto civil como penal sigue á cada delincuente , de modo que en el caso de que hayan sido varios los que hubieren cometido un delito, la pena será personal (1), y todos in solidum tendrán que reparar el daño ejecutado , y no podrán invocar ni el beneficio de división, ni que se les deje salvo el recurso contra los que con ellos cometieron el delito (2).

En el derecho romano los delitos se dividen en públicos y en privados. Esta división proviene de la facultad mas ó menos lata que hay de acusar á los que los cometen, de la diferencia de tribunales y de la clase y aplicación de las penas con que se castigan: los delitos públicos pueden ser perseguidos por cualquier ciudadano romano; en los privados, por el contrario , solo tiene derecho de entablar la acción aquel que ha sufrido un perjuicio : los delitos privados son juzgados del mismo modo y ante los mismos jueces que entienden en los nego

TITULUS I.

De obligationibui, quK ex delicto aa.cuntur.

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cios civiles; los delitos públicos tienen sus formas particulares de procedimientos, y son juzgados por distintos jueces que los que conocen de las contiendas entre los particulares: en los delitos privados, la pena , que es pecuniaria, se convierte en utilidad del perjudicado, á quien queda salva la acción civil para conseguir la indemnización del daño que se le ocasiona; en los delitos públicos, por el contrario, se trata de la imposición de una pena corporal, ó de una pecuniaria que debe aplicarse al fisco. No seria, pues, acertado esponer el derecho romano por las teorías generales adoptadas respecto á los delitos y á su clasificación por.los pueblos modernos, los cuales al mismo tiempo que han dejado franco á todos el camino de poder reclamar y ser indemnizados de los perjuicios que el delito les ba ocasionado , no han querido que en ningún caso quede desarmada la sociedad por la omisión de los perjudicados, estableciendo funcionarios públicos encargados de perseguir y de acusar los delitos y sus perpetradores, ni que se imponga penas pecuniarias á favor de los ofendidos.

No es de este lugar entrar en el exámen de los delitos públicos, los que, de! mismo modo que los privados, consisten en la perpetración de actos prohibidos de antemano por el legislador, ó en la omisión de otros prescritos de la misma manera, actos y omisiones que deben cometerse á sabiendas ó con intención dañada: debo limitarme á los delitos privados, punto que corresponde al derecho civil, y que el emperador Justiniano comprende aquí con motivo de la teoría de las obligaciones. No faltan algunos escritores, y entre ellos Ortolan y Du Caurroy, que pretenden que el derecho romano no requiere intención dañada para dar á algunos actos el carácter de delitos privados, fundándose en que por la ley Aquilia se castiga del mismo modo el daño causado por imprudencia que el que ha sido resultado de la mala intención. Con solo observar que la ley Aquilia no solo castiga el delito, sino también la imprudencia, sin confundirlos en sus caracteres aunque imponga al uno y á la otra la misma penalidad, me parece que está contestado el motivo que tuvieron tan distinguidos escritores para sentar una teoría que creo poco conforme al espíritu del derecho romano. A esto se agrega que los actos de imprudencia que castiga la ley Aquilia, si bien considerados aisladamente, no podrá decirse que se han cometido con mala intención, son resultados de otros hechos voluntarios que se han perpetrado con infracción de las leyes y de las precauciones que el derecho establece para evitar daños, y que bajo este supuesto no se les puede libertar del todo de la nota de delitos (i).

(1) Mr. Uauter cu su tratado de derecha criminal.

L03 delitos privados de que habla en este titulo el Emperador son: el hurto, el robo, el daño hecho contra justicia y la injuria. Mas no son estos solos-: encuéntrense otros hochos calificados de la misma manera, como los que daban lugar á las acciones de tigjunctó (i) y de arborum furtim cwsarum (2), una y otra provenientes de la ley de las Doce Tablas; á la do servi corrupti (3) ; á la que competía á aquel á quien se habia hecho un daño con dolo en medio de la muchedumbre (4), acciones en virtud de las cuales se hacia la condenación en el duplo, t'n duplum, si bien la última, pasado el año, solo era en la estimación, tn simplum; a las que correspondían contra el que habia hecho violencia quod metus causa, y contra los que se aprovechaban de los azarosos momentos de un incondio , de una ruiua, de un naufragio ó de un ataque naval para apropiarse ú ocultar objetos (3), acciones por las que dentro de un año procedía la condenación en el cuadruplo, y después solamente in simplum. El no haberse hecho mención aquí por Justiníano de mas delitos privados que de los cuatro referidos, proviene sin duda de que creyó que á estos podían referirse los demás.

Cúm expositum sit superíore libró de obligationibus ex contráctil et quasi ex contractu, sequitur, ut de obligationibus ex malefició dispiciamus. Sed illa quidem (ut suó locó tradidimus) in quatuor genera dividuntur; hae veró unius generis sunt, nara omnes ex re nascuntur, id est, ex ipsó malefició, veluti ex furto, aut rapiña, aut damnó, aut injuria.

Habiendo tratado en el libro precedente de las obligaciones que nacen de contratos ó como de contratos, toca ahora examinar lasque provienen do delitos. Aquellas, como hemos dicho en su lugar, se dividen en cuatro clases: mas estas son de una sola clase, porque todas nacen de la cosa, esto es, del mismo delito, por ejemplo, del hurto, del robo, del daño ó de la injuria.

ORIGENES.

Tojpado de Cayo. (í. 182, Com. 111 do sus Ingt.)
Comentarlo.

Itlw in quatuor genera dividuntur.— Mudo rl Emperador ;'i las obligaciones que nacen del contrato que, como se ha visto, son ó

(i) Til. III, lib. XLVII del Dig. (3) Til. VII del mismo libro.

(3) Til. III, lib. XI del Dig.

(4) Loy4, lit. VIII, lib. XLVII del Dig.

(5) Til. IX del mismo libro.

Tomo Ii. . Ai)

reales, ó verbales, ó literales, ó consensúales, no á las que nacen de los cuasi-contratos. Gayo, de quien Justiniano tomó este, texto, se espresó con mas claridad: cum ex contracta obligationes tu quatunr genera deducantur.

Omnes ex re nascuniur.—El delito es la causa de las obligaciones de que en este título se habla: asi es que en el caso de que se infiera una injuria verbal ó escrita, ni las palabras ni la escritura serán la causa de la obligación, sino la afrenta hecha á la persona. Tampoco el consentimiento produce esta clase de obligaciones; muy al contrario, á pesar nuestro estamos obligados por consecuencia del delito que cometemos.

1 Furtum cst contrectatio 'rci frau- Hurto es la sustracción fraudulendulosa, vel ipsius reí, vel etiam ta de una cosa del lugar en que rsusus ejus possessionisve, quod lege taba para reportar lucro ó bien de la naturali prohibitum est admittere. misma cosa ó bien de su uso y po-

sesión, acto que es contrario á la ley naturul.

ORIGENES.

Copiado de Paulo. (§.3, ley 1, tit. II, lib. XLVII del Dig.)
Comentarlo.

Contrectatio. — Esta palabra en su sentido gramatical quiere decir el acto de tocar la cosa; pero en su significación jurídica tiene mayor estension , porque comprende también el acto de sacarla del lugar en que estaba y sustraerla (i). De la palabra contrectatio se infiere que no puede tener lugar el hurto en las cosas inmuebles (2) , doctrina que prevaleció, como dice Cayo (3) , contra la opinión de los Sabinianos que sostenían que podia cometerse hurto en las cosas raices. Infiérese también que aunque haya intención de hurtar, no hay hurto mientras no exista la sustracción (4). Aquel por lo tanto que entra en una casa para hurtar, no comete hurto mientras no se apodere de la cosa (5); mas lo comete el que habiendo recibido una cosa ó una cantidad para que pagase á un acreedor del que se la entregó , la da en su mismo nombre para satisfacer su propia deuda, ó convierte lo recibido en sus propios usos (6).

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Rei.— Algunos textos añaden la palabra alicnm, y entre ellos el de la Paráfrasis de Teófilo; mas semejante adición, lejos de ser necesaria, haria contradictoria la definición de hurto, porque, como de esta misma se infiere , el hurto puede cometerse en la propia cosa cuando su uso ó su posesión corresponde á otro, si bien entonces no recae sobre lo que es nuestro , sino sobre derechos ó aprovechamientos que son de otro.

Fraudulosa.—Para que la sustracion sea hurto es menester que se haga con dolo, esto es, con la intención de dañar á otro. El que toma una cosa ó por inadvertencia ó creyendo que le corresponde , ó que está autorizado por su dueño, no comete hurto. Ademas de esta significación, puede tener la palabra fraudulosa Ja de distinguir el hurto del robo ó rapiña, pues que al paso que el primero se hace clandestinamemte, la rapiña se ejecuta con violencia. Algunas ediciones de las Instituciones ponen después de la palabra fraudulosa las de lucri faciendi causa, palabras que sirven para aclarar la idea del hurto. En efecto, la intención fraudulenta del que hurta no se dirige principalmente á perjudicar á otro, sino á apropiarse ó á aprovechar la cosa de que se apodera. Por lo tanto, el que toma la cosa agena solo para destruirla ó para injuriar á su dueño, no se entiende que comete hurto, si bien podrá ser responsable en el primer caso con arreglo á la ley Aquilia, y en el segundo por la acción de injurias. Asi, tampoco comete hurto el viajero que acosado del hambre, y no encontrando otro alimento, coge de un árbol la fruta que necesita para reparar sus fuerzas desfallecidas, ni el que pone á pacer el caballo en que es conducido en un prado ageno, si de otro modo no puede continuar su camino; pero si bien ni aquel ni este cometen hurto , no por esto se libertarán de la indemnización del daño que hayan ocasionado. El que sustrae una cosa para darla á otro, comete hurto , porque, como dice Cayo , especie de lucro es dar de lo ageno y obligar de este modo la gratitud de otras personas (i).

Vel ipsius rei. — El burlo mas común es el de cosa: á este aluden las palabras ipsius rei, puestas aquí on contraposición á las de usus possessionisve.

Usus possessionisve. — En el trascurso de este titulo se verá en qué consisten estos hurtos de uso y de posesión, y cómo puede cometerse el hurto en cosa propia.

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