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mandante si hubiera mandado á un acreedor que concediera un respiro á su deudor, tomando por su cuenta el peligro de la deuda (i).

En estos casos, del mismo modo que en los de que hablan el párrafo segundo y el quinto de este mismo título, el mandato se asemeja bastante á la fianza, y los comentadores le han dado el nombre de mandato calificado, epíteto que ni es clásico ni romano: las leyes aplican mas especialmente al que asi manda el nombre de mandator, por lo cual en el cuerpo del .derecho de Justiniano se unen en las rúbricas (2) las palabras fidejmsores y mandatores. Cuando el mandato se considera bajo semejante aspecto, es decir, como una intercesión, está sujeto en gran parte á las reglas de la fianza. Así tiene lugar respecto de él la prohibición del senado-consulto Velevano (3), el beneficio de escusion (4), el de división en el caso de que sean varios los mandatores (5) y el de la cesión de acciones. Pero hay también diferencias notables entre los mandatores y los fiadores: la principal es que la obligación de los primeros no es accesoria como la de los segundos, sino que es un contrato independiente; de modo que en realidad hay en este caso dos. contratos principales, á saber, el de mandato entre el mandante y el mandatario, y el que resulta de la operación entre el mandatario y la tercera persona de que se trata. De aquí dimana que no se liberta el deudor por la acción del mandatario contra el mandator, y que tampoco queda libre si se entabla contra el mandator la acción mandati (6), si bien Justiniano estableció el mismo derecho respecto á los fiadores (7): resulta igualmente que la paga que hace el mandator no liberta al deudor, porque aquel paga en su propio nombre y en virtud de ser principalmente responsable (8); y por último, que el mandator, después de haber satisfecho al mandatario, puede hacer que se le cedan las acciones que este tenia contra el deudor, lo que, como se ha visto, no pueden conseguir los fiadores (9).

7 lllud quoqué mandatum non est |

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cét enim pccnam istius facti nomine prsestiteris, non tamen ullam habes adversús Titium actionem (b).

sufrido la pena por este hecho, no tienes ninguna acción contra .Tirio (b).

ORIGENES.

■ (a) Tomado de Cayo. (i. 157, Com. III de sus Inst.)

(6) Conforme con Paulo. (§. 6, ley 22, lit. I, lib. XVII del iíig.) ■

Comentarlo.

Quod contra bonos mores est.—Esta regla no es especial al mandato , sino común a todas las obligaciones convencionales cuyo origen nunca puede ser una causa torpe é ilícita.

Non ullam hab?s actionem.—Es claro que el mandante no tendría ninguna acción contra el mandatario para obligarle á cometer el delito en que habían convenido; asi es que el texto se limita á hablar de la acción contraria de mandato, es decir, de la que por regla general compete al mandatario para que el mandante le resarza los perjuicios .que le ha ocasionado el cumplimiento dél mandato, y le niega esta acción por la torpeza de la causa de que proviene.

Is, qui exequitur mandatum, non debet excederé fines mandali. Ut eccé,si quis usque ad centum áureos mandaverit tibi,. ut fundum euieres, vel ut pro Tilió sponderes, ñeque pluris emere debes, ñeque in ampliorera pecuniam fidejubere: alioquin non habebis cum eó mandali actionem. -Adeó quidém, ut Sabino el Cassio placuerit, etiain si usque ad centum áureos cum eó agere velis , inutilítér te acturum; diversa? schola; auctores recté usque ad centum áureos acturum existimant: quw sentenlia sané benignior est (o). Quod si minoris emeri», habebis scilicet cum eó actionem, quoniam, qui mannai, sibi centum aureorum fundus emeretur, is utiqué mandasse inlelligitur, ut iniuoris, si possit, eineretur (b).

El mandatario no debe esceder 8 los límites del mandato. Asi en caso de que uno te hubiere mandado comprar una heredad, ó salir sponsor por Ticio hasta la suma de cien áureos, no debes comprar en mas la heredad ni salir fiador por mayor suma: de otro modo no tendrás contra él la acción de mandato. Esto es de tal modo, que Sabino y Casio opinaron que si querías limitarte á entablar la acción por cien áureos, lo hacías inútilmente ? mas los jurisconsultos de la escuela opuesta son de dictámen de que puedes entablar válidamente la acción hasta la cantidad de los cien áureos, cuya opinión «s indudablemente mas benigna (a). Pero SI uuu_.. «/"nnrado la heredad por menos precio, tendrás acción contra el mandante, porque el- que te mandó que comprases la heredad por cien áureos, se sobreentiende que te mandó que la compraras en menor cantidad, si podías conseguirlo (6).

ORIGENES.

(a) Conforme con-Cayo. (g. 161, Com. III de sus Inst.y
(6) Copiado de Cayo. (§. 161, Com, III de sus Inst.)

Comentarle.

iVo» debet excederé fines manda ti. — El mandatario que eseede los fines del mandato se entiende que liace cosa diferente de la que se le mandó , como dice Paulo (1). Consecuencia de esto es, que al mismo tiempo que está sujeto á la acción directa que contra él tiene derecho á entablar el mandante para conseguir lo que le interesa por no haber sido ejecutado el mandato, no pueda á su vez entablar la acción contraria de mandato para conseguir la indemnización de los gastos y dispendios que sus actos le hubieren ocasionado.

Mandati actionem—El mandato pertenece á los contratos bilaterales imperfectos ó intermedios: debe por lo tanto producir una acción directa y otra contraria, ambas de buena fe; la primera que nace inmediatamente que el contrato se celebra , la segunda por un hecho posterior. La acción directa de mandato es la que se da al mandante y á su heredero contra el mandatario y su heredero para que el mandatario haga el negocio que tomó á su cargo, y él y su heredero entreguen Id cosa adquirida con sus frutos, den cuentas y presten toda clase de culpa (2). Acción contraria de mandato es la que compete al mandatario que cumplió con el mandato y á su heredero contra el mandante y su heredero para conseguir su indemnización. La acción directa de mandato en caso de condenación lleva consigo la infamia, como mas adelante advierte el Emperador (3).

Sabino et Cassio placuerit.—Fundábanse estos jurisconsultos para establecer la dura doctrina de que el que escedia los límites del mandato no podia entablar acción contra el mandante ni aun en la cantidad á que se concretaba el encargo y su desempeño, en que el que se estralimitaba no hacia lo que se le habia encargado, sino otra cosa diferente. No puede negarse que habia lógica en semejante modo de pensar; sin embargo , también habia un rigor escesivo, inconciliable con la equidad que debe reinar en todos los contratos, y especialmente en aquellos que, adejnasJa-«wJ>*rtcrirtes",'suponen la mayor confian».,—«.imia entre las personas que los celebran.

Qum sententia benignior est. — Indudablemente es mas equitativa la opinión de los Proculeyanos, porque ademas de no ocasionar nin

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El mandato , aunque se haya con- 9 traído válidamente, queda deshecho si es revocado estando aun íntegra

ORIGENES.

Conforme con Cayo. (i. 139, Com. III de sus Inst.)
Comentarlo.

Si adhúc integra res sit. — Para que se desvanezca del todo el mandato del mismo modo que si no hubiera existido, es necesario que todavía no haya empezado á tener ejecución, porque la revocación nunca puede referirse á hechos consumados (3). Por la misma razón debe ser indemnizado el mandatario en el caso de que haya cumplido el mandato después de la revocación , pero antes de que la supiera (4).

Revocatum fucrit. —Del mismo modo que la sociedad tiene modos peculiares de disolverse , los tiene también el mandato. Cuatro son estos modos peculiares: dos por parte del mandante , y dos por la del mandatario; por parte del mandante, la revocación y la muerte, y por la del mandatario, la renuncia y la muerte. El presente texto habla únicamente de la revocación, modo de disolverse sin que intervenga el consentimiento del mandatario, lo que se funda en que este contrato no tiene por objeto directo dar un derecho al mandatario , sino imponerle una obligación.

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'OniGENKS.

Copiado do Cayo. (|. 160, Com. III de sus Inst.) . . Comentarlo.

Integró mandato. — No quieren decir estas palabras que después que la cosa dejó de estar integra, la muerte de uno de los contrayentes no disuelve el mandato, sino que los herederos del mandante deben indemnizar al mandatario y los del mandatario á su vez á los del mandante, de las obligaciones y acciones que tuvieron lugar en vida de sus respectivos antecesores.

Solvitúr mandatum.—El mandante al confiar en una persona busca en ella la inteligencia, la industria ó la buena fe de que tiene noticias ó pruebas, y estas circunstancias no se trasmiten á los herederos; causa suficiente para que por la muerte del mandatario se extinga el mandato. Por otra parte, el mandante en el hecho de dar á otro el mandato , significa ó que no quiere ó que no puede hacer una cosa por sí mismo, y su sucesor probablemente tendrá posibilidad y voluntad de ejecutarla ; motivo también para que se estinga el mandato por la muerte del mandante. -—

Tujjuux&i~-^*rn aecíssisse. —El principio riguroso en virtud del qWnímediatamente que muere el mandante cesa el mandato , podría traer graves perjuicios al mandatario de buena fe que ignorando la muerte del mandante hubiera puesto en ejecución la comisión gratuita de que se encargó. Esto seria una falta de equidad en un contrato de buena fe, que requiere consultar latamente la utilidad respectiva de los contrayentes. De aquí dimana que se haya conservado la acción con

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