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bitrio de un tercero, el cual deberá seguirse, á no ser que su determinación sea manifiestamente opuesta á la equidad y á la justicia (3).

La sociedad dura mientras los so- 4 cios perseveran en la misma intención; de suerte que cuando uno de ellos renuncia á la sociedad, esta se disuelve. Pero si alguno de los asociados renuncia de mala fe á la sociedad para aprovecharse él solo de un beneficio que va á venir, por ejemplo, si el que contrajo la sociedad universal de todos los bienes, habiendo sido instituido heredero por alguno, renuncia á la sociedad para adquirir él solp el lucro de la herencia, será obligado á comunicar con los otros esta ganancia; mas si sobreviene otro cualquier lucro que no buscó al hacer su renuncia, esté1 á él solo' pertenece. Aquel á cuya sociedad otro renunció, se aprovecha solo de todos los beneficios que adquiere con posterioridad i la renuncia.

Obigenes. . Tomado casi literalmente de Cayo. ($. 151, Com. III de sus Inst.) Comentarlo.

Donéc in eódem consensu.—El que la sociedad se disuelva cuando todos los socios convienen en ello, es consecuencia de la regla general en virtud de la que ios 'contratos que se forman por el mero consentimiento de los contrayentes, se disuelven de la misma manera.

Cum aliquis renuntiaverit societati, solvitur societas.—El Emperador habla aquí de algunos modos de disolverse la sociedad, que no son comunes á los demás contratos consensúales. Estos son la renuncia de uno de los socios, su muerte, la conclusión del objeto para que se formó la sociedad, la confiscación y la cesión de bie-=nes de uno de los. socios. En este texto trata el Emperador de la renuncia, y en los siguientes de los demás modos que acaban de indicarse. La renuncia disuelve la sociedad , porque los socios forman

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