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nistrarse la justicia por sí mismos. Por último, debo advertir que para que por menoscabo de la cosa pueda eximirse el enfitéuta de pagar el canon, ha de quedar menos de la octava parte de ella (1).

No cabe en los límites que me he trazado en esta obra detenerme mas respecto á la enfitéusis y al censo enfitéutico , así como tampoco hablar de las demás clases de censos que nuestro derecho reconoce.

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El derecho enumera entre los contratos consensúales el de sociedad , esto es , el contrato por el que dos ó mas personas convienen en formar un fondo común de capitales ó de industria con objeto de lucrar y de repartir los beneficios ó pérdidas que resulten. Tres son sus requisitos esenciales: consentimiento , cosa ó industria puestas en la sociedad, y participación de utilidades.

El consentimiento en este contrato, como en todos los consensúales, perfecciona por sí mismo la obligación y da lugar á las acciones correspondientes , sin necesidad de que intervengan ni tradición, ni escritura, ni palabras solemnes. La asociación comienza también desde el dia en que los contrayentes han convenido, á no ser que en el mismo contrato se haya fijado el dia en que debe principiar. Teniendo que contribuir cada uno de los socios , ó bien llevando á la sociedad cantidades ó cosas , ó bien con industria , es claro que este contrato es bilateral desde el principio , ó lo que es lo mismo, bilateral perfecto según la clasificación ya propuesta en otro lugar. El fin de ganar, que es el objeto de la asociación, implica que las pérdidas deben corresponder á los asociados con arreglo á los principios que se desenvuelven en este mismo título.

Es menester no confundir el contrato de sociedad con la comunión de bienes: la sociedad, como todos los contratos, depende esclusivamente de la voluntad de los que la celebran que señalan sus derechos y obligaciones respectivas durante todo el tiempo de la asociación ; la comunión ó indivisión de bienes resulta ya del mismo contrato de sociedad, ya de un hecho ageno á la voluntad de los que tienen los intereses en común , como sucedo con los coherederos y colegatarios (2), ya por último, de la voluntad de las partes, que

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sin convenir en contraer sociedad, celebran unidas un contrato, como acaece cuando dos personas se reúnen en una venta hecha á subasta, y convienen en comprar la cosa en común para no perjudicarse mutuamente con sus pujas (1). No hay sociedad en este último caso, porque la comunión de la cosa comprada es mas un medio que un fin, puesto que lejos de pensar los que compraron juntos en tener la cosa en común y utilizarse de ella , solamente la adquieren para dividirla; fin diametralmente opuesto al de la sociedad en que se trata de la reunión de los capitales ó industria de los asociados para permanecer unidos por cierto tiempo, procurando utilidades.

Societatem coire solemus aut totorum bonorum, quam Graci sperialiter xo¡vonpa£íav appelant, aot unius alicujus negotiationis, veluti inancipiorum emendorum vendendorumque, aut olei, vini, frumenti emcndi vendendique.

Se forma comunmente una sociedad , ya de todos los bienes, á que llaman los griegos xoivoirpafíav, ya para cierto género de negociaciones , como para comprar y vender esclavos, aceite, vino ó ganados.

ORIGENES.

Tomado de Cayo. (J. 148, Com. III de sus Inst.)
Comentarlo.

Aut totorum bonorum. — Siguió Justiniano al hacer esta división bimembre al jurisconsulto Cayo. En el Digesto, sin embargo, aparecen cinco clases de sociedades, á saber: la universal de todos los bienes, que es la que este texto llama totorum bonorum; la de todas las ganancias, universorum quee ex quwstu veniunt; la que tiene por objeto una determinada clase de negociaciones, unius alicujus negotiationis, como dice el texto; la relativa á uno ó mas objetos determinados, unius rei; y la que se hace para el arrendamiento de las rentas públicas conocida con el nombre de vectignlis.

La sociedad universal de todos los bienes comprende todos los bienes presentes y futuros, que por cualquier titulo, ó bien oneroso, ó bien lucrativo, correspondan á los asociados, los productos de estos bienes y todo cuanto puedan adquirir con su industria (2). La sociedad á su vez tiene el deber de cubrir las obligaciones de los asociados, de cumplir sus cargas, y de satisfacer las condenaciones en que hayan incurrido, á no ser que resulten de un hecho ó motivo ilícito (3).

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4 Et quidém, si nihil de partibus lucri et damni nominalim convenerit, wqualcs scilicét partes et in lucró et in damnó spectantur. Quod si expressaj fuerint partes, ha? servari debent: nec enim unquam dubium fuit, quin valeat conventio, si dúo inter se pacti sunt, ut ad unum quidém duce partes et damni et lucri pertineant, ad alium ter

8 tia (a). De illá sané conventione quaesitum est, si Titius et Seius inter se pacti sunt, ut ad Titium lucri duse partes pertineant, damni tertia, ad Seium duse partes damni lucri tertia, an rata debeat haberi

Si nada se hubiere convenido es- 1 presamente respecto á las partes de ganancia y de pérdida, estas serán iguales. Si se hubieren fijado, deberá observarse lo convenido; y nunca ha habido duda de que vale la convención en que dos pactan que al uno pertenezcan dos partes de pérdida y de ganancia, y una tercera parte al otro (o). Mas se ha 2 suscitado cuestión acerca de si debe ser válido el contrato en que Ticio y Seyo convengan entre si que á Ticio correspondan dos partes de beneficio y una de pérdida, y á Seyo dos de pérdida y una de beneficio.

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Quinto Murió fue de dictamen que semejante pacto era contrario d la naturaleza de la sociedad, y que por lo tanto no podia ser considerado como valedero. Servio Sulpicio, cuya opinión prevaleció, era de distinto sentir, porque frecuentemente la industria de ciertas personas es tan importante para la sociedad, que es justo admitirlas con mejores condiciones que ¡i los otros. Y no se duda que puede contraerse la sociedad en términos que uno lleve A ella dinero y el otro no, y que sin embargo la ganaucia sea común entre ambos, porque inucbas veces la industria de un hombre vale tanto como el dinero de otro. Prevaleció también contra el dictamen de Quinto Mucio, que uno de los socios pudiera llevar una parte del beneficio, sin estar obligado a responder de las pérdidas, cuya opinión fue igualmente la de Servio (b); lo que debe entenderse en el sentido de que si en una cosa hubiere ganancias y en otra pérdidas, se compense uno con otro, de modo que solo se repute ganancia lo que sobrare (c). Estí 3 fuera de duda que si solamente se hubiera espresado la parte de ganancias ó la de pérdidas, y se hubiere omitido la otra, se siga la misma r.egla respecto a la parte omitida que ;l la espresada (d).

tiene la sociedad Tomo Ii.

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es necesario para el caso en que los contrayentes no lo hayan previsto, que la ley venga á suplir lo que no espresaron, fundándose en la voluntad que es de presumir tuvieron los contrayentes al obligarse. Tres son las reglas que en éste testo se consignan: 1.a que si nada especialmente han convenido los contrayentes, se entienda que llevan todos igual parte en las ganancias y en las pérdidas: 2.a que si los contrayentes señalaron las parles, debe observarse rigurosamente el contrato: 3.a que si se hubiese hecho espresion ó de ganancias solamente, ó solamente de.pérdidas, se ha de entender establecida la misma proporción en la parte omitida que en la espresada.

JEquales partes.—Cayo (1) dice que entre los jurisconsultos romanos no hubo duda acerca de qué cuando nada se habia espresado respecto á la parte de ganancias ó de pérdidas que debia llevar cada socio, se' entendía que estas'habian de ser iguales."No han estado tan conformes los intérpretes del derecho romano, puesto que se hallan divididos en el modo de entender esta igualdad , queriendo unos que sea absoluta, esto es, sin relación á lo aportado por cada socio al fondo común, y otros que sea relativa ó proporcional á aquello con que cada uno contribuye, es decir, que discrepan acerca de si la proporción ha de ser, como suele decirse comunmente, aritmética ó geométrica. No desconozco los plausibles motivos con que muchos intérpretes, y entre ellos Vinnio y Heineccio, se deciden por la distribución proporcional; creo, sin embargo, que los textos romanos (2) autorizan á rechazar esta opinión: las palabras wquaspartes, cequalitér que son opuestas á la de pro rata parte, me inclinan á favor de los que sostienen que la igualdad de los socios debe ser absoluta. Agrégase á esto, que no estando especialmente determinado en ningún lugar del derecho romano la parte que debe llevar el socio de industria en el caso de que no se haga espresion de las de ganancia ó de pérdida al constituirse el contrato, habría un vacío considerable si no se entendiera el texto de la igualdad absoluta de partes.

Ad unum duw partes, ad alium tertia. — A pesar de que Justiniano dice aquí que nunca hubo duda acerca de que los contrayentes pudieran convenir en que fueran desigualas las partes de beneficios y pérdidas, se observa que Ulpiano (3) admite únicamente la desigualdad en el caso de que uno de los socios contribuya mas á la sociedad, ó por lo que a ella lleva,, ó por su industria, ó por otro cualquier motivo. Pueden, sin embargo, no considerarse como con

(1) g. 150, Com. III de sus Inst.

(2) Ley 8, til. I, lib. VI: ley 6: g. inicial, ley 29,- ley 76, til. II, lib. XVII: g. i, ley 7, til. V, lib. XXXIX: ley 23, tit. I, lib, XXXVI; y g. 2, ley 5, tit. III, lib. XI.VI del Di|.

(3) §. inicial, ley 29, tit. II, lib. XVII del Dig. • ■ .

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