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marcan las leyes y reglamentos; y la sucesión de persona determinada, siesta no consiente (i). . . •

Respecto al precio dejado á arbitrio de un tercero, también está espresamente decidido, que en el caso de que este lo fije mucho mayor ó menor de lo que. vale la cosa, baya lugar á la reducción a albedrio de hombres buenos (2), es decir, al prudente, arbitrio del juez. . •

No es.conforme á nuestro derecho que el comprador que no pague oportunamente el precio esté obligado á satisfacer los intereses, á no ser á título de daños y perjuicios. Esceptúanse las ventas mercantiles, en que la demora en el pago del precio de-la cosa comprada, desde que deba esta verificarse según los términos del contrato, constituye al comprador en obligación de pagar el rédito legal de la cantidad que adeuda al vendedor (3).

Absoluta es la conformidad que guarda nuestro derecho con el romano respecto al pacto de adición en .dia (4), lo mismo que sucede con la ley comisoria; mas acerca de esta se halla decidido, que en el caso de deshacerse la venta, los frutos que el comprador percibió en el tiempo fijado para poder resolver el contrato, deben ser restituidos al comprador por el vendedor, si este no quiere devolver las arras ó la parte de precio que hubiere recibido (5).

Por lo que hace á las acciones redhibitoria y quanti minoris, presentan nuestras leyes ciertas diferencias respecto de las romanas: conceden únicamente la acción redhibitoria cuando el vendedor, sabiendo los vicios de' la cosa vendida, no los manifestó, porque si los ignoraba, no podrá el comprador entablar sino la quanti minoris (6); y . respecto al término para entablar la acción redhibitoria es siempre el de seis meses, y un año el que compete para la quanti minoris (7).

La acción para rescindir el contrato en virtud de lesión, solamente dura cuatro años desde el dia de su celebración (8).

Mas numerosas son las diferencias de ambos derechos respecto á las evicciones. En el nuestro está determinado que la denuncia del pleito debe hacerse al comprador por el vendedor antes de la publicación de probanzas, y que omitida, este quede libre: añádese tam

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bien, que si el vendedor ofreciere el duplo en caso de eviccion, pueda el comprador pedir, no solamente doble precio de aquel por que compró la cosa, sino el doble de su valor, aunque'este se hubiere aumentado (1). El vendedorá quien se hace la denuncia del.pleito, puede obligar al demandante á que litigue cxm él, no incomodandoal comprador; pero, si el vendedor no quisiere litigar, puede el demandante seguir el pleito con el comprador, el cual en caso de eviccion tendrá espedito su derecho contra el que vendió (2), mas quedaría privado de este derecho sino apelase de la sentencia contraria pronunciada en ausencia del vendedor (3). En la venta de una cosa que comprende en si otras diferentes, como una nave, una casa ó una cabaña, vencido el comprador en juicio por alguna de las cosas comprendidas en la venta, procede á su favor la indemnización del mismo modo que si hubiera sido vencido por todo lo que se le vendió (4). Por último, debo decir que si bien nuestro derecho (5), á imitación del romano, establece que la división de la herencia que hace el testador en vida entre los que han de heredarle , no dé lugar á acción alguna por causa de eviccion, esto debe entenderse con tal que no queden perjudidadas las legitimas de los herederos forzosos. * .r,fji:!Í:;fc;;

Réstame solo advertir que ademas del pacto de retroventa ó retracto convencional de que ya se hizo mención, consignan nuestras leyes los retractos de sangre y abolengo y el de condueños, materia en que la índole de esta obra no me permite detener.

TITÜLÜS XXIV.

Delocatione et conductione.

TITULO XXIV.

De la locación-conducción.

La primera dificultad que se presenta en este titulo es lá de traducir su rúbrica. No hay en nuestro idioma, como en el de los romanos, palabras precisas que correspondan á las de locare, conducere. Los vocablos logar y aloyar que se derivan de la palabra latina locare y correspondían á ella, éstan ya absolutamente anticuados; pero aun suponiéndolos corrientes y admisibles, se encontraría todavía la dificultad de no tener una palabra especial que reemplazara á la de con

(l) Lcy32, lit. V, Part. V. ■ .

(1) I,cy 33 del mismo titulo y Partida.

(3) Ley 36 del mismo titulo y Partida.

(4) Ley 35 del mismo titulo y Partida.

(5) Loyd.tit. XV, Part. VI.

ducere, porque la voz arrendar, lejos de contraponerse á la de logar, sirve más bien para espresar la misma idea , aunque aplicada á distintos objetos , puesto que signiüca dar en arrendamiento, según declaran nuestras leyes de Partidas (1), ó como dice Gregorio López, ad reditum daré. El uso, arbitro del lenguaje , se separa del de las leyes de Partidas , dando al verbo arrendar ya la significación de dar, ya la de tomar en arrendamiento; pero á fin de evitar confusión , me parece conveniente traducir las palabras locatio, conductio, mas bien que con la de arrendamiento, con las de locación ,.conduccion, versión autorizada por la Academia española en su Diccionario, y tendré cuidado cuando use las de arrendamiento y arrendar de que sea de modo que no pueda introducir confusión , valiéndome frecuentemente de la frase dar en arrendamiento en lugar de locare, y de la de recibir en arrendamiento en lugar de conducere.

La misma dificultad se presenta respecto á las palabras locator y conductor: las de locador y conductor no están autorizadas ni por la Academia ni por el uso; y las de arrendador y arrendatario que algunos usan para comprender bajo aquella al que los romanos llamaban locator, y bajo esta al conductor, si bien facilitan la esplicacion é inteligencia de las doctrinas , no encuentran apoyo en nuestras leyes, que llaman á veces arrendador al conductor de los latinos (2). No seré tan escrupuloso que habiendo admitido las voces locación-conducción, deseche del todo las de locador y conductor, y las de arrendador y arrendatario , especialmente cuando del empleo de otras puede resultar un sentido equívoco , ó poco preciso , ó inexacto. Pero si bien carece el idioma español de palabras genéricas suficientemente espresivas y comprensivas que reemplacen á las de locare y conducere, locator y conductor, hay en él otras que se acomodan perfectamente á muchas de sus aplicaciones. Para esto conviene advertir que la locación-conducción ó es de cosas, locatio-conductio rerum, ó de servicios, locatio-conductio operarum, ó de obras, locatioconductio operis. Cuando la locación-conducción es de cosas, á la palabra locare se da ademas de la traducción de arrendar, la de alquilar , y al que toma en arrendamiento la cosa , si es predio urbano se llama inquilino (inquilinus), si el predio es rústico arrendatario ó colono (colonus), siguiendo la nomenclatura de los romanos (3), y simplemente alquilador i al que da en arrendamiento casas muebles: al que toma en arrendaminto las rentas públicas, vectigales, llamaban los romanos publicanus y manceps, y^nosotros denominamos empresario

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quisitos se irán desenvolviendo sucesivamente en los párrafos que siguen.

Locatio et conductio próxima est emptioni et venditioni; iisdemque juris regulis consistit. Ñam ut emptio et venditio itíi contrahitur, si de pretió convenerit, sic etiam locatio et conductio ita contrahi intelligitur, si merces constituía sit (a). Et competit locatori quidém locati actio, conductori vero conducti (b).

La locación-conducción es muy semejante á la compra-venta, y está sujeta á las mismas reglas. En efecto, asi como la compra-venta se contrae cuando convienen los otorgantes acerca del precio, así la locación-conducción se constituye cuando se ha- convenido relativamente i la merced (o); y compete al que da en arrendamiento, la acción locati, y al que recibe, la acción conducti (b).

OIUGENES. *

(a) Copiado de Cayo. (,. inicial, ley 2, tit. II, Iib. XIX del Dig.)
(6) Conforme con Ulpiano. (Ley 5 del mismo titulo y libro.)

Comentarlo.

Próxima est emptioni et venditioni.—Muchos son los puntos de contacto que hay entre la compra-venta y la locación-conducción; pero entre ellas median también diferencias que las separan esencial y característicamente. Una y otra son contratos consensúales bilaterales: constan de dos actos diferentes que, obligando á uno y otro contrayente desde su origen, producen dos acciones directas inmediatamente que el contrato se celebra; ambas requieren que se dé una cantidad, que esta consista en dinero por parte de uno de los obligados, y ambas son contratos de buena fe. Estos, entre otros, son los principales puntos de semejanza entre la compra-venta y la locación-conducción. Mas á su vez también hay otros no menos importantes que las separan, de los cuales el principal es que en el arrendamiento de cosas, el mas semejante á la compra-venta, no se trata ni d,e trasferir la propiedad , ni de que se adquiera la facultad de prescribir, sino de que por la retribución convenida se use la cosa por tiempo determinado. Los objetos de esta obligación son , por una parte la cosa que se cede ó el hecho que se presta, y por otra la retribución que por ella áe da , circunstancias , como queda dicho, esenciales al contrato.

Si merces constituía sit.—Así como en la compra-venta el dinero que se paga por la cosa recibida se llama precio, así también en el arrendamiento lo que se paga por el uso de la cosa, ó por la industria de la persona se llama genéricamente merced, merces. A esta palabra, según he dicho anteriormente, sustituían en los arrenda

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