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ferencia entre el valor verdadero y el convencional de las cosas, la ley viene en auxilio délas personas perjudicadas, reputándolas victimas de un engaño. Pero para evitar que esta equitativa disposición sea un manantial inagotable de litigios, como sucedería si á título de haber cualquiera desproporción se permitiera á los particulares separarse de la obligación que contrajeron y rescindirla, los Emperadores Diocleciano y Maximiano (i) establecieron que en tanto pudieran rescindirse las ventas, en cuanto la lesión fuese en mas de la mitad del justo preciOí Las leyes que fijan.la lesión hablan solamente de heredades, y se refieren únicamente al contrato de compra-venta y á los perjuicios ocasionados al vendedor: lo cual ha dado lugar á que los intérpretes disputen sobre si tiene lugar la rescisión en la venta de las cosas muebles, si es estensiva al caso de que el perjudicado en mas de la mitad haya sido el comprador, y por último, si debe ser estensiva esta doctrina á los deroas contratos onerosos. Paréceme poco dudoso que no debe entenderse la disposición de las leyes limitada á las cosas inmuebles; si á ellas especialmente se refieren los rescriptos de los Emperadores Diocleciano y Maximiano al usar la palabra fundus, es porque acerca de heredades versaba el caso particular que se les consultaba , y aun asi en uno de aquellos rescriptos (2) se empieza hablando generalmente de cosas, si bien se concreta luego a las inmuebles; a esto debe agregarse que no es fácil señalar la razón de diferencia entre unas y otras. Mayor duda ofrece á mi juicio la segunda cuestión; la igualdad que debe haber en la condición de los contrayentes en los contratos de buena fe, parece exigir que si la compra-venta se rescinde por ser perjudicado el vendedor en mas de la mitad del justo precio, debe también rescindirse si el perjudicado en iguales términos es el comprador. Esto me parece lo mas probable: no desconozco, sin embargo, que pudo fundarse la ley, al hablar solamente de los perjuicios del vendedor, en la presunción de que la penuria y la necesidad del momento le indujeron á deshacerse de la cosa á vil precio , consideración que no tiene lugar- respecto al comprador. Respecto á la última cuestión creo que lo que dicen las leyes acerca de la venta no debe hacerse estensivo ú los demás contratos onerosos, en los que no concurre la razón principal que pudo haber para la rescisión, á saber, el evitar que los Compradores abusaran de la triste situación á que los vendedores se veian reducidos; á lo que se agrega que estas leyes rescisorias, como poco favorables al cumplimiento de la voluntad de los contrayentes, deben interpretarse estrictamente. La rescisión por lc

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sion on mas de la mitad del justo precio en los casos en que procede, se obtiene entablando la acción que nace del mismo contrato, y que en este caso toma el carácter de restitución ín integrum. No tiene lugar en las ventas aleatorias , puesto que la incertidumbre iguala en ellas la condición de los contrayentes (i). Por último, el vendedor puede evitarla rescisión ofreciendo completar el valor de la cosa vendida (2). .

Eviccion. Entre las obligaciones del vendedor be puesto anteriormente la que tiene de garantir al comprador contra toda eviccion, y de propósito dejó esa materia para tratar ahora de ella. Entiéndese por eviccion la privación de la cosa vendida á causa de haber sido reivindicada por un tercero en juicio fallado á su favor. Queda ya espuesto repetidas veces que el vendedor, si bien no tiene obligación de hacer al comprador dueño de la cosa vendida , está obligado á entregársela libre y franca de modo que pueda ejercer sobre ella' los derechos de señor y prescribirla, si el que se la vendió no tenia el dominio de ella. Consecuencia de esto es, que el comprador mientras por efecto de la tradición esté facultado para disponer de la cosa, aunque llegue á saber que corresponde á otro, nada pueda reclamar del vendedor; pero que le quede un recurso contra él, siempre que sea disturbado legalmente en su posesión. A este deber del vendedor se llama obligación de eviccion, evictionis nomine (3) obligatio, ó prestar la éviccion, evictionem prestare (4), auctoritatem prwstare, auctor esse. De aquí puede inferirse que la palabra evincére quiere decir obtener judicialmente y en virtud de un derecho preexistente üna cosa que otro poseia en virtud de un título legítimo; que res evicta es la cosa así ganada judicialmente, y que prestar la eviccion es lo mismo que indemnizar al comprador del quebranto ó pérdida que sufre por quitársele la cosa cuya posesión le fue dada por'el vendedor. Ni és-necesario que pierda el comprador toda la cosa vendida para que haya lugar á esta indemnización: basta al efecto que solo pierda una parte de ella (5).

Para que tenga lugar la indemnización en consecuencia-de la eviccion , se requiere:

1.°- Que haya perdido el comprador la cosa que se le entregó por el vendedor en un verdadero juicio, sea de la naturaleza que quiera; asi nada importa que el demandante haya salido-vencedor por consecuencia de la reivindicación, ó de la acción serviana, ó de la

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de communi dividundó, ó de cualquiera otra (1). No sueéderá lo mismo en el.caso do que se hubiese comprometido el pleito, en manos de arbitros; porque, como dice Paulo (2), ninguna necesidad tenia el comprador de convenir en el juicio arbitral.

2. ° Que sea justa la sentencia, porque la injusticia ó el error del juez que daña al comprador, no debe convertirse contra él vendedor (.3).

3. ° Que el comprador no haya sido condenado por su culpa, como sucede si no se mostró parte en el juicio (4), porque entonces parece mas bien vencido por Su rebeldía que por la mala causa; si no presenta oportunamente la escepcion que tiene derecho á oponer (S); ó si pudiendo de cualquiera manera conservar la cosa, no lo hizo (6). Lo mismo sucede si sabiendo que la cosa era agena ó estaba obligada á otro, la compró sin hacer mérito de la eviccion (7), porque esto es una renuncia tácita de su derecho.

4. ° Quo la causa de la eviccion se^i anterior al derecho adquirido por el comprador, porque el vendedor no debe responder mas que por el tiempo anterior al contrato.

5. ° Que preceda á la sentencia la denuncia ó manifestación del comprador al vendedor, y eu su defecto a sus herederos, dándole conocimiento que se le ha movido un pleito, á fin de que puedan venir á defenderse, litem denunciare (8), auctorem laudare (9). Solamente cesa la necesidad de hacer esta denuncia cuando el mismo vendedor haya renunciado espresamente á ella (10), ó cuando sea la causa de que no se le haga (11), ó cuando no pueda averiguar el comprador el lugar donde se halla (12). No están conformes los intérpretes acerca del tiempo en que debe hacerso saber el pleito al vendedor: paréceme, sin embargo, atendiendo al lin de su introducción y a que dice Pomponio que no ha de hacerse próximamente á la condenación (13), que debe tener lugar en tiempo oportuno para que el vendedor pueda presentar y hacer valer los medios de prueba que sean conducentes al buen éxito del negocio.

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sis, á la partición de la herencia (i), á no ser que el testador hubiera hecho la división con ánimo de prelegar (2), y ala división de la cosa común (3). Respecto á la transacción no domina siempre la misma regla: cesa la indemnización por causa de eviccion si se quita judicialmente la cosa á uno de los transigentes que se quedó con ella, habiendo sido esta misma objeto de la transacción; pero hay lugar á la indemnización en el caso de que la cosa perdida en juicio no sea la misma litigiosa, sino otra diferente dada por uno de los transigentes al otro (4). * •

Contratación de lai Oectúuat ve e¿U titulo con too \-l detecto

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Pocas son las diferencias que hay entre nuestras leyes (5) y las romanas respecto á las materias comprendidas en el presente título. Notaré las mas interesantes siguiendo el método que tengo elegido.

Está en nuestras leyes decidida expresamente la cuestión agitada entre los intérpretes de derecho romano acerca de Si era licito á los contrayentes en el caso de que mediasen arras, perdiéndolas el comprador ó pagando el duplo el vendedor, separarse de la venta. El Fuero Real (6) resuelve afirmativamente este punto, y con mas claridad aun lo hacen las Partidas (7) distinguiendo dos casos, á saber: el en que las arras se hayan dado como prueba de estar perfeccionado el contrato, y el en que ademas se hayan entregado como parte de precio, declarando que en el primer caso pueden separarse los contrayentes de la obligación perdiendo las arras ó el doble respectivamente , y que en el segundo no pueda deshacerse la venta.

Entre las cosas que no son susceptibles de enagenacion deben contarse las vinculadas, en la parte en que por las modernas leyes de desamortización no hubieren aun entrado en el comercio; las estancadas por el gobierno, las cuales no pueden venderse sino por sus agentes; las que corresponden al Estado ó á corporaciones que están bajo la tutela de la administración, á no ser del modo especial que

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