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solo serviría como prueba de la obligación contraída. Al decir esto, implícitamente comprendo que las escrituras llamadas chirographa y syngraphm constituían por si mismas una forma particular de obligación, y que no eran meros instrumentos ó medios de prueba; en lo que me separo, á ejemplo de algunos jurisconsultos, de lo que • la mayor parte de los escritores alemanes han creido acerca de este punto, persuadido dé que las Instituciones de Cayo' (1) no permiten otra interpretación. Las obligaciones syngraphw aparecieron antes que las llamadas chirographa, y desaparecieron también antes que ellas: así es que en el cuerpo del derecho de Justiniano, al -paso que no se hace ni una sola vez mención de aquellas, se habla muchas veces de estas (2); y que el quirógrafo, cambiando un tanto su naturaleza, vino á constituir la nueva obligación literal de la época de Justiniano, significando lo mismo que la palabra cautio, que es la denominación empleada casi siempre para significar la promesa escrita de pagar una suma determinada. (3). No puede negarse que la voz cautio se aplicaba -también frecuentemente á los instrumentos que servían para acreditar la existencia del contrato*, denominados igualmente' instrumenlum, scriptura, libellus, charta y chartula, y en su sentido mas éstenso á toda seguridad dada para garantir un derecho.

Olim scripturá íiebat obligatio, quee nominibus fieri dicebatur, quae nomina hodié non sunt in usu.

Antiguamente se contraía una obligación por medio de escritura, la que se decia formada nominibus, la cual hoy no esti en uso.

OnifiE.NES.

Confirme con Cayo. (§g. desde el 128 al 134, Com. III de sus Inst.)
Comentarlo. •

Qua nominibus fieri dicebatur.—Aluden estas palabras á la antigua obligación literal, llamada espensilacion ó nomina transcriptitia, de que he hablado en el ingreso del presente título.

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la de non numerata pecunias se viola esta "regla, puesto que en ella se impone al que se dice acreedor la necesidad de probar la existencia de un préstamo, cáusa verdadera de la obligación. Los pretores, fundándose en la equidad, introdujeron esta anomalía, que cambia el principio de existencia de la obligación literal, haciendo que pierda su primitivo carácter,, riguroso, y que el silencio del deudor que oportunamente no opone la escepcion non numerata; pecunia , se tenga por una confesión implícita de ser real y verdadera, la existencia del préstamo. Esta innovación que solo alcanzaba en un principio al contrato literal, esto es, á aquel cuya existencia, por no manifestarse causa de deber, dependía en un todo de la escritura, se hizo estensiva despües á los demás documentos con que se prueba un préstamo, espresándose que este es la causa de la obligación. Motivos iguales á los que habían inducido al pretor á determinar que en la escepcion non numerata; pecunia; la carga de probar fuera del acreedor aconsejaron esta estension, y en ello no se hizo mas que ampliar la doctrina de Paulo admitida como ley en el Digesto (1) , á saber, que cuando una escritura destinada á probar una obligación no está clara respecto á las causas de que proviene, corresponde al acreedor el disipar las dudas que ofrece: fúndase esto en que en tal caso no se considera la confesión oscura del deudor como prueba bastante para condenarlo.

La escepcion non numerata pecunia hubiera sido un remedio insuficiente para el supuesto deudor, si á su lado no hubiera otras acciones eficaces que vinieran á auxiliarle. En efecto, con solo dejar pasar el acreedor el espacio de. dos años sin entablar su acción , podia privar al deudor de poder hacerla valer, porque esta escepcion, como todas, únicamente puede deducirse contra una demanda entablada. Por esto se halla espesamente declarado que pueda el deudor en tal caso demandar á aquel á quien dio- la caución para que se la devuelva (2), ya entablando la condiccion sine causa ó la condiccion causá data, causa non secuta, ó ya también denunciando y protestando por escrita que no se le ha entregado el dinero , en cuyo caso la escepcion non numerata pecunia se perpetúa.

Verborum cessante obligatione. —Porque si existe la obligación verbal, de ella, y no de la escritura, nacerá la acción, puesto que la escritura será solo prueba y no causa del contrato.

Multum autem tempus in hac ex- Antes se había lijado por las ceptione antea quidém ex princi- constituciones imperiales para propalibus constitutionibus usque ad poner esta escepcion un largo tiem

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quinquennium procedebat: sed ne I po que se estendia hasta cinco años;

creditores diutiús possint suis pe- > pero con el fin de evitar que los

euniis forsitím defraudan, per con- | acreedores estén por demasiado tiem

stitutionem nostram tempus coarcta- po espuestos á la pérdida fraudu

tum est, ut ultra biennii metas hu- lenta de su dinero, hemos dado una

jusmodi exceplio minime exten- constitución reduciendo á dos años

datur. el térmirfb de esta escepcion.

ORIGENES.

La constitución á que aquí se alude es la ley 14, tit. XXX, lib. IV del Cód.

Comentarlo.

Ex principalibus constitutionibus.—Una constitución del Emperador Marco Aurelio, que esta en el Código Hennogeniano , fijaba cinco años de término para entablar la escepcion non numérate pecunia.

Exceptio minimé extendatur.—Puede por lo tanto decirse, que el verdadero contrato literal existe después de los dos años fijados por Justiniano para poder usar de la escepcion, porque antes de ellos podía el deudor declinar la fuerza de la escritura alegando no haber recibido el dinero, é imponiendo á su contrario la carga de probar la existencia real y verdadera del préstamo.

De la doctrina que en este titulo queda espuesta puede inferirse, que obligación literal es la que nace del hecho de confesar uno en un documento deber á otro cierta cantidad, aun en el caso de que no la haya recibido, si no retractó la confesión dentro de dos años.

De la obligación literal respecto á la dote.

Hasta aquí se ha considerado la obligación literal como proveniente de la confesión de deber hecha por escrito, confesión que supone un préstamo sobreentendido; mas á veces también trae su origen de haberse prometido y no entregado una dote, cuyo recibo fue confesado por escrito, caso frecuente á que debieron proveer las leyes (1) para evitar que el desprendimiento en momentos en que los hombres suelen hacer alarde de generosos, se convirtiera en su daño. A este efecto concedieron por tiempo determinado la escepcion non numerata pecunia ó dotis cautos, sed non numerata, á aquel que confesó haber recibido la dote, y á su heredero para rechazar la acción de su restitución en caso necesario. El término,

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dentro del cual puede usarse de la citada escepcion, es diferente del que por regla general queda lijado en el título que precede, y varía con arreglo á la duración del matrimonio. Si este subsistió menos de dos años, la escepcion compete por espacio de uno: si doró mas de dos años, pero menos de diez, por tres meses. Cuando el matrimonio dura mas de diez años no puede entablarse ya la escepcion, quedando obligada en virtud de la escritura, literis, á restituir la dote el que confesó haberla recibido, castigo de su negligencia, que se funda en la presunción legal de que el que deja trascurrir tanto tiempo sin usar de la acción querela dotis non numerata: que también se le da para reclamar contra un documento que refiere un hecho incierto que le perjudica , nada debe ya objetar á su legalidad y á su certeza. El que suscribió el instrumento dotal siendo menor de edad, tiene doce años para entablar la acción ó proponer la escepcion de dote no recibida: á su heredero mayor de edad se concede un año, y si es menor de edad, cinco años contados en uno y otro caso desde la disolución del matrimonio , para poder ejercitar el derecho que su antecesor no ejercitó habiendo muerto dentro del término en que podia haber entablado su acción ó su escepcion (i).

Üoiupcttacuni fa¿ Jocttúuxo Je cite titulo con 1*4 3c«cl*>

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Reconocida está por las leyes de Partidas (2) la obligación literal en términos iguales á los que el derecho romano establece, si bien sin hacer distinción entre la escritura que se refiere simplemente á una deuda, y la que supone recibida la dote. En las mismas leyes se halla establecido (3) que valga la renuncia de la escepcion de no haber recibido el dinero; doctrina no establecida en el derecho romano, y que á decir verdad es poco conforme con el espíritu que presidió á la introducción de este remedio, especialmente cuando la renuncia se hace en el pagaré ó escritura en que se confiesa la deuda. Esta consideración y el no hablar el derecho romano de semejante clase de renuncias, ha dado lugar á que intérpretes muy autorizados sostengan que la validez de ellas debe entenderse solo respecto á libertar al que aparece acreedor de la obligación de justificar que el préstamo ha sido hecho real y efectivamente; pero que

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