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Consistiendo las condiciones esenciales de todo contrato en el consentimiento libre de los contrayentes, una cosa ó hecho que sea su objeto, y una causa lícita que lo motive, se infiere que no puede existir la estipulación cuando no hay avenencia en la obligación entre el que pregunta y el que responde; cuando las personas que intervienen en el contrato, por razón de su edad ó de su incapacidad moral no tienen suficiencia para consentir; cuando las cosas deducidas en lá estipulación no existen y no pueden existir, ó están fuera del comefcio; ó cuando la causa de la obligación se opone ¿ la moral ó á las leyes. En todos estos casos ni aun obligación natural Hace de la estipulación, que es viciosa bajo cualquiera de los aspec^ tos referidos.

Las condiciones particularmente esenciales á la estipulación consisten en la congruencia entre las palabras de la pregunta y de la respuesta f según queda espuesto, y en que tanto el estipulante como el promitente conozcan su valor y su relación: la falta de esta congruencia hace civilmente nula la obligación, aun dado caso de que exista una obligación natural.

Aunque hay cierta clase de consentimiento al hacerse una obligación cOü cláusula indposible , como el hecho á que se subordina no puede realizarse , es lo mismo que si no se hubiera consentido.

No puede realizarse la estipulación cuando la persona que la hace no tiene la capacidad civil que es indispensable para contraer obligaciones , cuando se promete en nombre de otro, cuando se estipula para una persona bajo cuyo poder no está el estipulante j cuando sé hace para adquirir una cosa que nos pertenece, y cuando llegan á confundirse los Conceptos de deudor ó promitente , con el de acreedor ó estipulante.

Estas ligeras indicaciones , que he espuesto para presentar bajo ün solo punto de vista las doctrinas que este título comprende, van á ser sucesivamente desenvueltas en los textos que paso á comentar.

Omnis res, qu» dominio nostro fueden ser objeto de estipulación

subjicitur, in stipulationem deduci todas las cosas que están sometidas

potest, sive illa mobilis, sive so- á nuestro dominio, séan muebles ó

li sit. 'inmuebles.

Comentarlo.

Dominio nostro. — Solamente las cosas susceptibles de propiedad y de derechos, y por lo tanto solo las que están en el comercio, pueden ser objeto de estipulación.

Subjicitur.—No solo las cosas que están sujetas á nuestro domiDío , sino también las que pueden estarlo y aun las que nú existen aun, pero que pueden existir, como los frutos de un fundo y el parto de las esclavas (1), son objeto de estipulación. Como en otro logar se ba dicho , cuando las cosas que ao existen, pero que pueden existir, se deducen en un contrato, implícitamente lleva este envuelta la condición de su nacimiento, aunque la fórmula sea de una obligación pura.

Sitie mobilit, sitie soli.—Ademas de las cosas muebles é inmuebles, pueden ser también deducidas en estipulación las incorporales, como se dijo al hablar del usufructo (i> y de las servidumbres prediales (3); y asimismo los hechos ó la omisión de los hechos, según queda espuesto en uno de los títulos precedentes (4).

4 At, sí quis rem, qua? in rerum j 3fas si alguno estipula una cosa • natura non est, sai esse non po- 1 que ni existe ni puede existir, por test, dari stipulatus fuerit, veluti ejemplo, al esclavo Stico que ha Stichum , qui mortuus sit, quem fallecido, estando el estipulante en vivere credebat, aut hippocentau- | la persuasión de que vivía, ó un hirum, qui esse non possit, inutilis j pocentauro cuya existencia es impo2 erit süpulaüo. Idem juris est, si ! sible, la estipulación será inútil. rem sacram aut religiosam, quam , Lo mismo sucede si uno estipula í hnmani juris esse credebat, vel una cosa sagrada ó religiosa que públicam, qua? usibus populi per— creía profana, ó una cosa pública petuó expósita sit, ul forum vel destinada al uso perpetuo del puetheatrum, vel fíbcrum nominan, 1 blo, como una plaza, ó un teatro, quem servnrn esse credebat, vel . 6 un hombre libre que reputaba escupís commera'um non habuerit, reí ¡ clavo, ó una cosa que para él estartm mam dari quis stipuletor (a), i ba fuera del comercio, ó que era suAce in pendente erit stipulatio ob i ya propia [a). X no estará en suspenid, quod publica res in privatum | so la estipulación porque la cosa deduci, et ex liberó servus fieri po- , pública pueda hacerse privada, el test, et commercium adípisci stipu- j hombre libre constituirse en esclalatorpotest, et res stipulatoris esse vo, ó porque el estipulante pueda desiriere polest: sed protinús inutí- ' adquirir el comercio de la cosa, ó lis est.Item contra, licet initt'6 vti- 1 dejar de ser suya aquella que esti

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(o) Conforme con Cayo. (?. 97, 'Com. III de su¡¡ Inst.)
(é) Conforme con Paulo. (J; 8, ley 83, tit. I, lib. XtlV del Dig.)'

í • •■' Comentarlo. > i, ■ i»

rerum natura non est.— Si estas palabras se consideraran aisladamente, darian un sentido falso, porque, según queda dicho en el comentario que antecede, las cosas que no tienen una existencia propia, pero que pueden tenerla , son válidamente objeto de las obligaciones. Asi es que las palabras in rcrum natura non est, deben considerarse como formando un todo con las siguientes aut esse non potest, estando puesta la partícula disyuntiva aut en lugar do la conjuntiva et, cosa que sucede algunas veces en el derecho, como advierte el Digesto al tratar de la significación de las palabras (1).

Rem sacram, religiosam, publieam, liberum homincm. — Cuando las cosas que son objeto de la estipulación están exentas del comercio de una manera absoluta , el contrato es nulo del mismo modo que cuando las cosas no existen ni pueden existir. Respecto á esto no podia caber la menor duda en caso de que supiera el estipulante que la cosa de que se trataba estaba fuera del comercio ; el texto precedente dice que' sucederá lo mismo en el de que lo ignorase, y la razón consiste en que no es capaz la cosa de propiedad privada. Esta nulidad existe desde el nacimiento de la estipulación, por lo cual si la cosa exenta absolutamente del comercio de los hombres fue objeto de una estipulación á término ó bajo condición, aunque se haya hecho de enagenacion libre cuando llegue el dia ó, la condición sé cumpla, será siempre ineficaz el contrato , porque nació muerto; y asi los contrayentes n» podrán estipular útilmente la cosa que está fuera del comercio ni aun para el caso en que llegue á ser de libre enagenacion. Consecuencia de lo dicho es que el estipulante, de cuya

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ignorancia abusó el promitente, no tenga derecho á reclamar ni la misma cosa ni los daños é intereses, porque como la estipulación es un contrato de derecho estricto, no puede dar lugar á que se pida otra cosa que la prometida, la.cual, según se ha dicho, no es objeto de una acción. Vinnio, sin embargo, movido por razones de equidad y adhiriéndose á la opinión Fabro, cree que en todos aquellos casos en que la estipulación proviene de una causa onerosa, si el estipulante tiene buena fe y el promitente mala, compete la acción de dolo al engañado. Mas en los contratos de buena fe está fuera de duda que hay remedio á favor del agraviado: asi en el caso de que se venda una cosa sagrada, religiosa ó pública, ó un hombre libre al que creia que estaban en el comercio, no estará el comprador privado de la reclamación de daños é intereses, como dice el Emperador mas adelante (i).

Cujus commercium non habuerit. — Proponiéndose el estipulante conseguir en virtud del contrato lo que no puede pertenecerle, la estipulación, es inútil aun en el caso de que, por regla general, esté en el comercio la cosa que es objeto de la estipulación: por esto el tutor no puede adquirir por efecto de este contrato los objetos que están bajo su administración (2). Mas si la cosa no está exenta del comercio del estipulante, pero sí del promitente , entonces la .estipulación será eficaz (3), porque , como observa Vinnio , ni la prestación de la cosa ni la adquisición del estipulante son imposibles.

Vel rem suam.—Es inútil la estipulación de lo que es nuestro, porque nadie puede adquirir lo que ya es suyo, y por lo tanto en este caso ni aun se debe el precio, Puede, sin embargo, estipular el dueño de una cosa que se le dé el precio ó la estipulación, porque el dueño de la cosa no lo es del precio: como también que se le restituya la cosa que está poseída por otro, estipulación que en muchos casos puede producirle ventajas (4).

Nec in pendente.—Tiene lugar en este caso la regla, de que en otro lugar se ha hablado: quod initió vitiosum est, non potest tractu temporis convalescere.

Licét initió utilitér res in stipvlatum dcducta sit.—Cuando las «osas que en un principio pudieron ser válidamente objeto de estipulación , perecen ó dejan de estar en el comercio sin culpa del que las prometió, la estipulación es inútil; lo cual se funda en el principio que establece que el deudor de una cosa determinada se li

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berta cuando esta perece (i). De aquí se infiere que semejante doctrina no se estiende al caso de que en lugar de ser la especie lo que se estipule, sea el género, porque el género, como suele decirse, nunca perece. Estas reglas no son peculiares á las estipulaciones, sino que comprenden toda clase de contratos.

¿Qué sucederá, preguntan algunos, si la.cosa que al tiempo de la estipulación estaba en comercio y después salió de él, volviese á * ser susceptible de propiedad privada? ¿Renacerá ó no la estipulación? Está decidido espresamente que no renazca, según la opinión de Paulo (2), no conforme en este punto con la de Celso (3), aunque ambas están insertas en el Digesto, siendo esto una de las contradicciones que se escaparon á Triboniano y á sus compañeros. Asi, siguiendo la opinión de Paulo, si uno promete á otro un esclavo determinado y este adquiere la libertad sin un hecho del deudor, el deudor quedará exento de la obligación, aunque el liberto vuelva á recaer en esclavitud.

Parece, por las razones espuestas, que cuando alguno estipula una cosa agena y adquiere después su dominio, la estipulación debe ser inútil; mas no sucede siempre así. En efecto, cuando la promesa se ha hecho por mera liberalidad, queda descargado de ella el deudor si el estipulante ha adquirido la co'sa también por otro título gratuito (4), porque tiene aquí lugar la regla que se consignó respecto á los legados (5), de que dos causas lucrativas acerca de una misma cosa no pueden concurrir en una misma persona. Por el contrario, si el estipulante adquirió la cosa por título oneroso, no quedará el promitente libre de la obligación, bien fuere la estipulación por causa onerosa ó lucrativa, como tampoco lo quedará en el caso de que la promesa sea por título oneroso, aunque la cosa se haya hecho del estipulante por título lucrativo; doctrina que se funda en los principios de equidad que en un punto análogo se espusieron al tratar de los legados (6). Mas como en estos casos es imposible dar la misma cosa que se estipuló, porque el estipulante es el dueño de ella, habrá de prestarse en su lugar la estimación.

Sine factó promissoris. — Inmoral ó injusto seria establecer el principio de que el deudor se libertara de la obligación en el caso de que por un hecho suyo pereciera la cosa objeto del contrato: por esto se perpetúa la obligación, y si bien el promitente no podrá ser

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