Page images
PDF

da era obstáculo para quo se reputara como locación-conducción ó como mandato. Por esta razón pareció mas acertado el darle una acción peculiar denominada astimatoria (1), de donde recibió su nombre el mismo contrato.

La acción cestimatoria prescriptis verbis, no solamente puede ser directa, sino también contraria, porque el contrato estimatorio pertenece á la clase de los que son bilaterales imperfectos ó intermedios, por obligarse al principio solo uno de los contrayentes, y por un hecho posterior poderse obligar el otro. La acción directa es la que corresponde al que dió á vender la cosa estimada y d su heredero contra el que la recibió y su heredero , para que le restituya la cosa integra & la estimación convenida (2). La contraria es la que corresponde al que recibió la cosa para venderla y d su heredero contra el que se la dió y su heredero, para que le pague la merced si hubiere intervenido , y le indemnice de cualesquiera perjuicios que le haya ocasionado el encargo que recibid. Al definir la acción contraria he hablado del pago de la merced, porque como dice Paulo (3), la acción estimatoria puede entablarse aun cuando interviene recompensa; mas debe entenderse que la intervención de esta es una cosa accidental del contrato , y por lo tanto dependiente de la voluntad de los contrayentes; asi es que si no se conviene en ella, no se debe.

Ulpiano (4) sentó como regla general que el peligro de la cosa dada en este contrato corresponde al que la recibió; pero «ntrando después mas detenidamente en el examen de la cuestión adopta (5) el dictámen de Labeon y de Pomponio, según los cuales CHando el que entregó la cosa es el que rogó al otro, á él le.corresponde el peligro, y por el contrario en caso de ser él el rogado; pero si ninguno rogó al otro, sino que ambos consintieron simplemente, el que recibe no deberá prestar sino el dolo y la culpa, bajo cuya última denominación me parece que debe entenderse la culpa leve in-concretó, por las razones ya espuestas al desenvolver la teoría de la prestación de culpas.

La permuta, contrato tan semejante al de compra-venta que antiguamente se dudó si eran uno mismo (6), pertenece también á la clase de contratos innominados. Puede ser definida el contrato por el que uno da una cosa para que el que la recibe le otra en que convinieron. Diferénciase la permuta de la compra y venta principal mentó en que en esta se da una cosa por dinero contante, según observaré

[ocr errors]

en su lugar, y en la permuta por la cosa que se entrega se da otra que no es dinero (1); en que la permuta, como contrato real, se perfecciona con la tradición, desde la cual toma origen el contrato, al mismo tiempo que la compra-venta, como contrato consensual, queda perfeccionada por el mero consentimiento de los contrayentes (2); en que en la permuta se traspasa el dominio de la cosa aun en el caso de que el que la recibe no haya dado lo que habia prometido (3), lo que no sucede en la compra-venta; y por último, que en la permuta cada uno de los contrayentes responde de ser dueño de lo que da y de trasferir al otro el dominio, y en la compra-venta solo queda obligado el vendedor á la eviccion cuando el comprador es vencido en juicio y pierde la cosa comprada (4).

De la permuta nace la acción prcescriptis verbis ex permutatu ó ex permutatione (5). Esta es la acción que corresponde al que dió y su heredero contra el que recibió y su heredero para que le entregue la cosa prometida ó lo que le interese (6).

Ocm^autcicu <)« (ni ^cclumxA <)e cite tt'Uifo con (ai íef detecto

Antes de empezar á comparar particularmente las doctrinas españolas con las romanas que en este titulo, tanto en el texto como en el comentario, quedan espuestas, conviene hacer algunas indicaciones generales ya relativamente á los contratos nominados é innominados, ya á la prestación de culpas.

Las leyes de Partidas (7), queriendo arreglar la división de contratos nominados é innominados á los principios romanos, incurrieron en un error, que no es de estrañar atendida la época en que se escribieron: no consideraron la diferencia de unos y otros contratos como enlazada con el sistema escrupuloso de las acciones que debian producir, sino de un modo menos científico, pero mas vulgar, llamando á los contratos nominados ó innominados según tenían ó no nombre usual y conocido; doctrina en que no fueron consecuentes siempre, porque colocaron á la permuta , bajo el nombre de cambio, entre los contratos

[ocr errors]

innominados (1), del mismo modo que lo hicieron los romanos, aunque estos fueron lógicos en la teoría que habían establecido. Las mismas leyes reconocieron iguales clases de contratos innominados, los cuales pueden reducirse a las fórmulas doy para que des, doy para que hagas, hago para que des, hago para que hagas; pues aunque las Partidas no ponen espresamente estas fórmulas, los ejemplos de que usan están perfectamente acomodados á ellas. Mas, créase ó no que deba quedar subsistente la nomenclatura de contratos nominados é innominados entre nosotros, necesario es convenir en que no puede tener la misma significación que en el derecho romano , donde era hija de! rigor escrupuloso de sus acciones.

Conformes están también nuestras leyes con las romanas en lo que se refiere á la prestación del dolo (2) y del caso fortuito (3). No concuerdan del mismo modo en lo que se refiere á la culpa, al menos en el sentido que la he esplicado, como mas ajustada al espíritu del derecho romano: admiten por el contrario la teoría de culpas tal como la esplicaron los intérpretes antiguos, y las clasifican en lata, leve y levísima, diciendo que la primera es como necedad y que tiene semejanza con el engaño, que la leve es pereza ó negligencia, y que la levísima es la falta del cuidado que emplean los hombres de buen seso en sus negocios (4), doctrina calcada sobre la inteligencia que la escuela de los glosadores dió al derecho romano. Siguen también á los jurisconsultos de esta escuela*, estableciendo que cuando la utilidad es de ambos contrayentes se presta la culpa leve , la, lata cuando es del que da, y la levísima cuando es del que recibe (5). Conviene tener muy presente esta diferencia que existe entre uno y otro derecho. Hechas estas consideraciones generales, paso á hablar de cada uno de los contratos que el título comprende. Respecto al préstamo mutuo ó préstamo de consunción hay una ley (6) que , después de establecer que la solución debe hacerse en el dia en que se convino, añade que si no se espresó dia en el contrato, tiene el mutuatario que devolverla cuando quiera el mutuante ó á los diez dias después que fue prestada la cosa, término que según la opinión de nuestros jurisconsultos comienza á correr desde que se pide la restitución. Mas en los negocios mercantiles, cuando no hay determinación de tiempo en el mutuo, no puede exigirse su restitución sin prevenirlo treinta dias antes (7). En las

[ocr errors]

mismas leyes mercantiles (1) está resuelta la cuestión de la alteración de la moneda: según ellas cumple el deudor con devolver igual cantidad numérica con arreglo al valor nominal qne tenga la moneda cuando se haga la devolución; mas si el préstamo se hubiere contraído sobre monedas específicamente determinadas con condición de devolver otras de la misma especie, se cumplirá así por el deudor aun cuando sobrevenga alteración en el valor nominal de las monedas que recibió. En las demás doctrinas respecto al mutuo simple están sustancialmente conformes las leyes españolas con las romanas (2).

Nuestro derecho ha mirado con horror por mucho tiempo á los que, aprovechándose de la miseria de sus semejantes, hacian mas ¿olorosa su situación exigiéndoles usuras, y han castigado con penas graves á los usureros; piedad lamentable, porque ha hecho mas triste la situación de los que tenian que acudir á esos hombres de corazón endurecido, que emplean sus capitales en préstamos con réditos escesivos. El Fuero Juzgo (3) y el Fuero Real (4), que tasaron las usuras, fueron corregidos por las Partidas (5) y por las leyes del Ordenamiento de Alcalá, disposiciones que sucesivamente han sido ya modificadas, ya restablecidas por diferentes leyes recopiladas (6). Destruida la parte penal en el nuevo Código, puede decirse que no queda de las antiguas disposiciones mas que la nulidad del contrato con que se castigaba á los usureros; pero aun esta misma se halla muy modificada ya por las leyes modernas, ya por la práctica recibida uniformemente en los tribunales para completarlas. Entre las leyes modernas que han venido á cambiar las antiguas doctrinas, debe contarse la que permitió á personas destituidas de propia industria imponer sus capitales en los cinco gremios mayores de Madrid recibiendo el interés de un tres ó un dos y medio por ciento (7); las que autorizan el interés de un seis por ciento entre mercaderes y fabricantes (8); la que permite el mismo interés en los préstamos de dinero ó géneros apreciados que los comerciantes hacen entre año á los labradores y cosecheros para sostener su industria (9); algunos artículos del Código de comercio (10), y especialmente los que establecen que el rédito

[ocr errors]

convencional que los comerciantes lleven en sus préstamos no pueda esceder del seis por ciento (1), y que en los casos en que por disposición legal está obligado el deudor á pagar al acreedor réditos de los valores que tiene en su poder, sean estos también del seis por ciento sobre el capital de la deuda (2); la real cédula de erección del Banco Español de San Fernando (3) que le permite hacer préstamos sobre alhajas de oro y plata al mismo interés ó premio que los descuentos de letras; y por último, otra real detérminacion (4) que autoriza al Monte de Piedad de Madrid para que por los préstamos que haga sobre alhajas lleve el interés anual de cinco por ciento pagadero en el acto de desempeñarlas, y que pueda recibir dinero á préstamo con tal que no esceda del mismo interés que lleva por los empeños. En virtud de estas disposiciones, y habiendo ya prevalecido, gracias á los esfuerzos délos economistas, la opinión general deque las antiguas leyes que prohibían la usura en último resultado se convertían contra aquellos en cuyo favor estaban dictadas, ha nacido una costumbre arraigada a vista, ciencia y paciencia del legislador, y admitida generalmente en los tribunales, que estiende á toda clase de préstamos el interés que entre comerciantes estableció el Código mercantil. El anatocismo ó la usura de las usuras nunca es lícito; así también lo dice el Código de comercio (5), el cual admite esta doctrina mientras que, hecha la liquidación de los intereses, no se incluyan en el nuevo contrato como aumento de capital, ó que, bien de común acuerdo, bien por una declaración judicial, se fije el saldo de cuentas incluyendo en él los réditos devengados hasta entonces.

Respecto al contrato de comodato, calcado también entre nosotros sobre el derecho romano (6), solo debo observar que las leyes de Partidas le aplican la teoría de prestación de culpas, ya manifestada como regla general, y por lo tanto cuando el contrato es solamente en utilidad del comodatario, que es lo mas frecuente, este presta la culpa levísima, la leve cuando la utilidad es de ambos contrayentes, y la lata cuando es solo del comodante (7).

Las leyes de Partidas (8) dividen el depósito en tres clases: en ordinario ó simple, miserablo y secuestro, y subdividen el secuestro (9) en voluntario y necesario. Respecto al secuestro estable

(1) Art. 398.

(í) Art. 397.

(3) Art. 3 de dicha real cédala dada en 9 do julio de 18Í9,

(i) Real orden de 8 de octubre de 4838.

(5) Art. 401.

(6) Til. II, Part. V.

(7) Ley S, tlt.U, Part. V.

(8) Ley 1, tit. III, Part. V.

(9) Ley 2, tit. IX, Part. III.

« PreviousContinue »