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tó cuando este quiera reclamarla (1). A veces es accesorio de otro contrato: asi sucede cuando vendiendo uno á otro una cosa á plazo, se la entrega para que la posea como precario hasta que se le pague el precio (2); en este caso el precario modificará las consecuencias del contrato á que se agrega , y producirá efectos civiles, como los produce en el derecho romano todo pacto que se agrega en el acto á un contrato de buena fe. Mas si se considera aisladamente el precario, como que no estaba elevado á la categoría de contrato, no producía acción civil, á no ser que un verdadero contracto viniera á garantirlo, en cuyo caso tendría la fuerza que recibía del contrato que había venido á darle firmeza. Fuera de estos casos el precario carecía de fuerza civil de obligar. Mas como no era justo que uno abusase de la liberalidad de otro, el pretor concedió un interdicto llamado de precario para que el que prestó la cosa pudiera conseguir que se le restituyese, cuando no había un contrato especial que lo impidiera; interdicto que pertenece á la clase de los restitutorios (3), y y que, como dice Paulo, fue introducido porque no competía ninguna acción civil, puesto que el precario pertenecía mas bien á las donaciones y beneficios que á los contratos (4). El interdicto de precario es el que compete al que diá la cosa en precario, aunque no sea su dueño, y d sus herederos (5) , contra el que la time en precario, ó por dolo dejó de tenerla, aunque no la hubiera solicitado (6), para que se le restituya con sus, accesiones. El heredero del que recibe la cosa en precario, solamente está obligado en el caso de que tenga en su poder la cosa ó haya dejado de tenerla por dolo; en tanto ha de responder por el dolo del difunto en cuanto le haya sido útil á él (7); lo que se funda en que el heredero no queda obligado sino bajo este concepto en los contratos que no se trasmiten á los sucesores. Este interdicto no es anual, sino perpétuo, porque concediéndose algunas veces el precario por largo tiempo, seria absurdo decir que pasado el año, esto es, á veces antes de poder entablarse el interdicto, no tenia el dueño de la cosa remedio para pedirla (8).

Hallando los jurisconsultos mucha semejanza entre el precario y el contrato de comodato, le aplicaron una acciún prcescriptis verbis (9),

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que algunas veces es la rontlictio incerti (1), ademas del interdicto restitulorio de que se ha hecho mención. :■■»

El precario tiene lugar tanto en las cosas corporales muebles ó inmuebles, como en las incorporales (2): no puede consistir en lo que es propio, aun en el caso de que uno haya conseguido por ruegos lo mismo que le pertenece (.1). Esccptúase solamente el caso en que la cosa estuviera dada en prenda, porque entonces el precario produciría el efecto de poner al dueño en posesión material de la cosa empeñada, si bien únicamente por el tiempo que fuese del agrado del concedente, cosa no rara, y útil al dueño, como dice ITpiano (4).

Por último, el que recibe en precario una cosa está obligado á responder de los perjuicios que ocasiona por su culpa lata (5); lo cual dimana de que, pendiendo en un todo de la voluntad del concedente permitir el uso ó revocarlo cuando quiera,se reputa que es muy pequeña la utilidad del que recibe.

Aquel en quien se deposita una 3

PraMerea ct is, apud quem res aliqua deponitur , re obligalur et actione depositi, qui et ipse de eá re, quam accepit, restituendá te— netur. Sed is ex eó soló tenetur, si quid doló commisserit, culpse autem nomine, id est, desidia) atque negligentias, non tenetur: itaque securus est, qui parúra diligenter custoditam rem'furto amisserit, quia, qui negligenti amico rem custodiendam tradidit, suse facilitati id imputare debet.

cosa, queda obligado en virtud de un contrato real y por la acción de depósito, y tienB que restituir la misma cosa que recibe. Mas responde solamente del dolo, pero no de la culpa, esto es, de su incuria y de su negligencia. Asi, no es responsable en el caso de que por falta de diligencia le hayan robado la cosa depositada, porque el que da para custodiar una cosa á uri amigó ne- . gligente , debe imputar á su propia imprudencia semejante desgracia.

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que comento, alude al contrato mismo en que se entrega la cosa á otro para que la custodie: en esta acepción paso á definirla. Depósito es el contrato en que uno entrega á otro determinada cosa mueble para que la custodie, y para que se la devuelva tan luego como se la pida. Los requisitos esenciales de este contrato son: i.° que la cosa sea mueble: 2.° que el depositario acepte gratuitamente su cargo: 3.° que se encargue el depositario de la custodia de la cosa: 4.° que la misma cosa que se entregó sea la que se devuelva: 5.° que la devolución se haga cuando el deponente lo reclame.

La etimología que antes he dado ala palabra deposito, fundándome en la autoridad de Ulpiano, manifiesta que no puede el contrato consistir mas que en las cosas muebles: agrégase á esto que el fin principal del depósito, que es encontrar en poder del depositario la cosa que se ha confiado á su custodia, no tiene lugar en las inmuebles. Cuando estas se ponen bajo la inmediata inspección de una persona, habrá un mandato, pero no un depósito. No puede, sin embargo, negarse que á veces en el uso común la palabra depósito es también estensiva á las cosas inmuebles; mas el rigor filológico de las voces no lo autoriza.

El depósito, del mismo modo que el comodato, tiene que ser gratuito; si no lo fuera, degeneraría en arrendamiento (1). Mas á pesar de esto, pudiera suceder que sin estipularse merced ó recompensa alguna por el depósito, y por lo tanto sin haber adquirido el depositario derecho para pedirla, quisiera el deponente manifestarle su reconocimiento haciéndole algún agasajo: entonces, aunque no puede decirse que el cuidado que prestó el depositario queda sin retribuir, como nada hay aquí exigible en el sentido jurídico de la palabra, no se reputará alterada la naturaleza del contrato.

La custodia de la cosa es lo que separa esencialmente este contrato de los demás, y con especialidad del comodato. De aquí se infiere que el dominio y la posesión civil de la cosa permanecen siempre en el deponente (2), que el depositario no puede usar de ella y que comete un hurto de uso si lo hace (3)', á no estar autorizado de un modo espreso ó tácito. Por lo tanto si el que depositó dinero en poder do otro permitiere después al depositario usar de él, el contrato de depósito se convertirá en otro de mutuo, y el depositario se hará.dueño de la cosa, correrá con el peligro de su conservación ó de su pérdida, y tendrá que devolver otro tanto del mismo género y bondad al antiguo deponente que ha venido á ser un mutuante (4). Cuando se

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haya hecho el contrato insertando en él desde el principio la cláusula de que el depositario use del depósito como quiera, uti Ubi, si votes, entonces no se reputará que hay mutuo hasta que la cosa haya sido movida del lugar, porque como dice Ulpiano, no es seguro si llegará ó no el caso de haber mutuo (1), esto es, no se sabe si querrá ó no usar el depositario de la autorización que se le da para convertir en mutuo el depósito. Mas si la cosa depositada no es fungible y se permite el uso de ella al depositario, el depósito entonces se convertirá en un verdadero comodato.

La misma cosa depositada es la que debe ser devuelta, porque el deponente, como queda dicho, permanece siempre dueño de lo depositado , y por lo tanto en el caso que el depósito consista en dinero ó en otra cosa fungible, debe ser devuelto del mismo modo que se recibió, in specie, non in genere. Cuando por voluntad de los contrayentes se cambia esta circunstancia, también varía la naturaleza del contrato, como se acaba de esponer al hablar de la custodia de la cosa depositada; por eso dice el texto: de re, quam accepit, restituendá tenetur.

He puesto como último requisito de los esenciales en este contrato el de que la cosa se devuelva siempre que la reclame el deponente. Consecuencia de este principio es que el término fijado para la devolución del depósito solamente aprovecha al deponente, el cual podrá rehusar que el depositario le devuelva intempestivamente la cosa; y por el contrario, el depositario aunque no haya trascurrido el tiempo señalado, no podrá negarse á entregar el depósito cuando lo reclame el deponente (2). Esto se funda en que el depositario no puede tener nunca motivo para prolongar un servicio que es puramente gratuito, á lo que se agrega que el que recibe favores puede renunciar á ellos cuando quiera, mas el que los ha ofrecido no debe, quebrantando la fe prometida, dejarlos de prestar antes del tiempo señalado. La restitución de la cosa depositada debe hacerse en el lugar en que se halle, cualquiera que haya sido el en que se celebró el contrato, con tal que no medie dolo de parte del depositario (3). Esto debe entenderse siempre que un pacto especial no fije el punto en que debe hacerse la restitución, porque el lugar en que se ha do devolver no es cosa que pertenece á las circunstancias esenciales del contrato, que son las únicas que no pueden modificarso por la voluntad de los contratantes.

Re obligatur.— La simple convención de hacer un depósito no es

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depósito; podrá ser en su caso una estipulación. El contrato de depósito solamente existe cuando se entrega la cosa depositada.

Actione depositi.— Del contrato de depósito, como de todos aquellos que pertenecen á la clase de bilaterales imperfectos ó intermedios , nacen dos acciones: una inmediatamente que se celebra el contrato, porque entonces tiene origen la obligación del depositario, y otra por hechos posteriores, ex postfactó, cuando por circunstancias ocurridas después, también queda obligado el deponente: la primera es la directa, la segunda la contraria. La acción directa de depósito es la que corresponde al deponente y sus herederos (1) contra el depositario y los suyos (2) para que les restituyan la cosa depositada con todas sus accesiones, y para que les indemnicen de las perdidas que les hayan ocasionado por dolo ó culpa lata. La obligación de restituir es tan fuerte que no podrá el depositario libertarse de ella diciendo que el deponente no tiene ningún derecho á la cosa; y llega hasta tal punto que aun al pirata y al ladrón debe restituirse lo que depositaron (3), á no ser que con ellos concurra el dueño, en cuyo caso á este deberá hacerse la restitución (4). Cuando son muchos los deponentes, si la cosa es divisible, á cada uno respectivamente por su porción corresponde la acción directa de depósito (5). Cuando, siendo uno solo el deponente, son varios los depositarios, cada uno de estos podrá ser reconvenido por la totalidad (6); pero los herederos de los depositarios solo estarán obligados en la parte que respectivamente hayan, heredado (7). La acción contraria de depósito es la que corresponde al depositario y á sus herederos contra el deponente y los suyos, para que les indemnicen de los gastos hechos en la conservación de la cosa y de las perdidas causadas por los vicios que el deponente no hizo oportunamente conocer (8). Esta acción nace del principio que aconseja que en los contratos reine la mayor equidad, y mucho mas en uno que ninguna utilidad reporta al depositario: por esto dice Pomponio (ü) que si se hubiere hecho un depósito en Asia para que se restituya en Roma, se entiende implícitamente que se ha convenido que los gastos sean por cuenta del deponente y no por la del depositario.

(1) j. 19, ley i, tit. ni, lib. XVI del Dig.

(!) 1.1, ley 7 del mismo titulo y libro.

(3) §. 39, ley 1 del mismo titulo y libro.

(4) §. i, ley 31 del mismo titulo y libro.

(5) S. 44, ley 1 del mismo titulo y libro. (G) J. 43, ley 1 del mismo titulo y libro.

(7) i. 1, ley 7 ; y ley 9 del mismo titulo y libro.

(8) jj. inicial, ley 5 del mismo titulo y libro.

(9) j¡. inicial, loy 12 del mismo titulo y libro.

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