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tranquilidad interior; que de todos los gobiernos aquel es mas esencialmente amigo de la causa pública en donde los intereses de todos en general, y de cada uno en particular, se protejen y conservan mas religiosamentes que los hombres, desiguales entre sí, en facultades físicas y morales, tienen con relacion á la libertad civil igual derecho á la benevolencia de la sociedad (9 o); que se debe considerar la persona del ciudadano como que constituye una parte del estado (91); en casi todas las obligaciones que contrae, como perteneciente á una familia que tambien pertenece al estado (92); que por la utilidad general es preciso renunciar á la igualdad de condicion que parece estar unida á la naturaleza" del hombre (93), siendo el objeto de esta clasificacion mantenerá los ciudadanos ó súbditos en una dichosa tranquilidad; que nó puede existir z-. - 2-- C. - 1. C., 2.- ... <2 - 2. ... = 1.2% ésta si los gobernados no prestan una obediencia ilimitada á los que tienen el derecho de mandar; que la obediencia consiste en ejecutar lo que está mandado, y eñ no

. . . . . - 7 . . . . . . y so "- f..." y J i hacer lo que está prohibido ; que a los pádres debemos la primera obediencia (94), y la segunda nos está prescrita por sola la cualidad de miembros del estado; que las leyes deben ser conformes cón él método de gobierno establecido, ácomodadas a las

costumbres, y cuya fuerza derive de la sabiduría con que han sido concebidas, de la claridad de su redaccion, y de las solemnidades observadas en su promulgacion. onios deberes del legislador pueden reducirse á éste solo punto; o No querer ni buscar sino lo justo, honesto y útil, y despues de encontrarlo, hacera de ello un precepto general y uniforme, que (como ha dicho Demóstenes (95)) será el que merezca el nombre sublime de ley”, Todos deben someterse á él, porque una ley es un presente de la divinidad, la decision de los sabioss la regla derdas, faltas, cometidas de propón sito ó sin e intencion, y el pacto comun, y civil que obliga, á todos los ciudadanos (96). Sin embargo, ¿por qué caractéres podremos reconocer la verdad en materias, de legislacion?, 2, 3 aserotro corroirio ro 3

La verdades lo que a es, (97); mas para cerciorarse de que una cosa existe realmente, es necesario armase de la antorcha de la experiencia ó de la autoridad de los tgstimonios. Así para asegurar de hecho que esa hermosa flor, de perfume tan delicado y delicioso y de formas tan graciosas, es una rosa, se recogen las opiniones, de todos los naturalistas que han descrito los caractéres que la distinguen: del mismo- modo,

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para afirmar que Barington (98) es culpable, ihterroga el juez afitiempo, al lugar ybiá has personas, b s ioioosboa 12 o 5 bico El que trata dgaphcá a la igísichi el resultado de los hechos sigae tiri, cadhino opuesto; porque debe apoyar las consideo raeiones que presentano solo ener testimotio finaterial de faseosas, y éñila asereion de los eseritores, siño tambienen la autoridad de la experlendiá, y)en una graño de edescolífiáfiza de sí mismo y de los defrás: Efi esta 3máteriales mucho mas edificit averigüar la verdad; pues los Històrihdores, maloifistruidesi91evados de mativos vergonzosos, sústituyen muchas veces á los hechos sistemas2ó oescritos pocoloverídicos; yofreeueñternehoeirafitiero si reflexiónanos sóbre fèsofósifismos hós vemosfoprados á adoptar opiniones erróneas y funestas por

que lisonjean nuestras pasiones, , , , , , - - Si la ejehcia de la legislaciones difici, ld estiñuchó mas euando hay que aplicarla á instituciones nuevas. Sería pues muy útil reunir los pareceres bien meditados de hombres sábios, y eada legislador debería hacer úna especie de abnegacion de sí mismo. Sucede todolo contrario; y por eso casi siempre la admision 3 ó desaprobacion de una ley se convierte en un negocio de partido. a 3-2

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- Desdohfiemos, pues, de nosotros mismos y de los demas; librémonos de la presuncion inconsiderada que pretende reducirlo todo lá sistemas; guardémonos de esa manía de innovar que llega á mirar como monumentos de locura ó de error, todo lo que nos han transmitido nuestros antepasados; abandonemos, la rutina, que no es enemigo menos temible, y que en su co+, barde torpeza, arrastrando siempre sobre las mismas huellas, no encuentra el bien: sino en las producciopes de los siglos pasados..., ro No basta para fórmar: leyes tener un entendimiento despejado, una imaginacion. vivá y un conocimiento profundo de alguna de las partes de la administración púo blica; es necesario tambien saber hacer un toda perfecto de cada una de las divisiones del órden.csocial, reuniendo todas sus relaeiones y Lcalculando todos sus resultados. En vez de consultar á los hombres agitados por las pasiones, ó las doctrinas, frecuentemente, yertidas por la prevencion, la ignorancia, ó la mala fé, es preciso, examinar la, naturaleza y consecuencias de los hechos, meditar profundamente los medios de perfeccion que nos suministran los legisladores de todas las épocas, y saber escogerry apropiarse, por medio de un madu

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