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á los tiempos modernos los gobiernos, se ven nacer mas ideas generales sobre los derechos de los hombres en sociedad. Estas ideas, versan al principio sobre la definicion de lo justo y de lo injusto, sobre el sistema de la PRQPIEDAD, y la necesidad de dará cada uno lo que el derecho le concede; en seguida se elevan hasta examinar los derechos, y aun las pretensiones de cada, uno, al poder legislativo y soberano. Este es el germen de todas las guerras intestínas, germen que los ambiciosos se apresuraná desarrollar. -

- "¿Por qué abuso, dirá Belesis á los Babilonios, 9 se atreven los reyes, de Nínive á imponernos leyes? ¿no sóis vosotros tan sabios y tan valerosos como los Asirios? ¿vuestros derechos son menos sagrados que los suyos?Todos los hombres tienen el mismo origen; y 3 porqué no habeis de aspirar tambien á la gloria de dar vuestro nombre á un pueblo poderoso?” El pérfido se guarda bien de decir á los suyos: "Todos los

ombres tienen derecho á la benevolencia de la sociedad. Esta no puede existir ni ser feliz sin una sábia clasificacion de todos sus individuos; y en el modo de emplear á cada uno segun, sus fuerzas y, talento es donde se encuentra la igualdad social. La que

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vosotros invocais es una quimera” o i, - o Quereis sublevaros contra los reyes de

Nínive, y para qué? para que os mande un nuevo gefe: y ¿quién os asegura que sea mejor que el monarca cuya autoridad tratais de destruir? Si lo conseguís, en vez de hacer parte de un imperio formidable, os vereis reducidos á una miserable poblacion sin fuerza ni apoyo, y destinada únicamente á ser despedazada por las divisiónes intestinas, y devorada por la primer potencia que os declare la guerra. Considerad atentamente los hombres que os incitan á la rebelion: ellos no, tienen talento ni virtudes, y toda su fuerza consiste, en su áudacia: ¿ y elegiréis por gefes ácunos facciosos que tienen necesidad de la sedicion para enriquecerse? Despreciadlos, al contrario, como á unos viles salteadores (47). Pero Belesis no les hará estas, reflexiones, yo el pueblo correrá á alistarse en las banderas de la rebelion. ozo. 5,o o - o i, Los pueblos no pertenecen á los reyes, dicen los revolucionarios, péro si los reyes á los pueblos. Esta dóctrina es falsa y peligrosa. Falsa; porque en ningun caso se puede considerar á los reyes como una propiedad de los pueblos, ni á estos como una propiedad de los reyes, á no descender

al absurdo de creer que el mandatario, por el solo hecho del mandato se convierta en propiedad del comitente, y que éste á su vez pase bajo el dominio útil del mandatario. Peligrosa; porque en un estado en que el poder soberano es hereditario en una familia, no solo conspira á trastornar el trono, sino, que destruye todo el sistema de propiedad. Con efecto; si se ataca la primera de las propiedades, que es el trono, las demas ya no son nada, pierden el apoyo de la justicia para pasar bajo el imperio de la fuerza; y por una consecuencia necesaria, el partido que tiene bastante poder para hacer que triunfe esta máxima desorganizadora se hace dueño de todas las propiedades. . . . En los gobiernos electivos el magistrado supremo no obtiene el poder sino por via de concesion condicional, temporal, y puramente personal; y por esto sus derechos y sus deberes son los de un mandatario especial; pero en los gobiernos hereditarios, le tiene por derecho de sucesion, usa de él como de una propiedad, y no tiene que dar cuenta de su administracion. Este último sistema adoptado en Europa, ha heeho del trono la mas noble, mas augusta y mas santa de las propiedades, dando al Momarca la magestad de un juez supremó, la autoridad de un padre, y el poder 2 de un amo. - o o C. - , io Los políticos revolucionarios ño admiten esta distincion, y para embrollar mas completamente todos los principios y todas las reglas, consideran á los pueblos cómo un cuerpo idéntico y compuesto de partes homogéneas; lo que es un error craso, pues si así fuese, los reyes se verán aislados y en la impotencia de hacer otra cosa que la voluntad de los pueblos; para lo cual sería necesario suponer que estos fuesen constantemente sabios, y justos. Es evidente, por el contrario, que los reyes siempre tienen de su parte una porcion de este mismo pueblo; y ésta porcion, que se compone las mas veces de hombres que lo sacrificarán todo á su interés personal, está siempre, dispuesta á combatir á la otra. o , , , , - Cualquiera division entre los reyes y los pueblos es la mayor de todas las calamidades públicas, pues conduce á la guerra civil; asi como las más desastrosas de todas las rer voluciones son las que se hacen por causa de religion, no solo porque se hacen generales, sino porque el pueblo, que no sabe distinguir la mano que le dirige, se entrega á discrecion del primer impostor. . . . . . .

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Las revoluciones pueden sucederse en los estados sin que por eso ellos perezcan. Pero, si sobrevienen despues de una guerra exterior, y las sigue una guerra intestina, y si el territorio es invadido por extrangeros despues de esta guerra desastrosa, será muy pro-, bable que el imperio sea desmembrado ó disuelto enteramente; pero de todos modos. se verá reducido á un estado lastimoso de deri

bilidad y penuria. o q a En las discordias civiles el genio de la guerra exalta todas las cabezas, el furor agita y atormenta á todos los ciudadanos; y, idesgraciados ellos si el gobierno no opone una sábia firmeza á este delirio desenfrenado Desgraciados , sobre todo, si se entregan á la manía de las conquistas, como los Ninos y los Sesostris ! . . . . . . . . . Los conquistadores (48) no reflexionan que siendo el objeto de todo gobierno hacer felices á los pueblos, cualquier proyecto de engrandecimiento es contrario á dicho objeto, pues pone á los hombres en un estado contínuo de dislocacion y ansiedad. No ven que compran con la sangre de sus compatriotas los tristes laureles con que adornan sus cabezas; y como si los desastres de la guerra no fuesen suficientes para castigará su pais de la desgracia de haberlos dadó el

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