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h D. JÜSTINIAM INSTITUTIONUM

LIBRI IV.

IROCT AD FIDOI MSS. ALIORl'MQLE CRITICES SIBSIDIORÜM

A'

SCHRADERO , CLOSSIO , TAFELLIO , ET MAYER

PROFESSORIBUS TLBICENS1BIS

BEROLINI

FUERUNT EDITI ,
HISPAKIS TYPIS NÜNC DEKUO MANDATI.

a

CURSO HISTOIMO-EXEGETICO

DEL DERECHO ROMANO,


COMPARADO CON EL ESPAÑOL, ,

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TOMO PRIMERO.

MADRID._J856.
Se bailará en la librería de SANCHEZ. calle de Carretas, número 5.

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MADBID. 1856.

Imprenta de D. F. SANCHEZ, Plaznela del Conde de Miranda, nnm PROLOGO.

El derecho romano, que el grande Leibnilz compara por la lógica rigurosa de sus deducciones con la geometría, es respetado ya como ley positiva, ya como razón escrita en todos los pueblos modernos, á que la civilización ha estendido su influencia. Monumento colosal, en que están aglomerados la esperiencia de los siglos, y los trabajos cientilieos de varones eminentes, es la legislación madre, y á la vez un depósito inagotable de doctrinas para el filósofo, para el arqueólogo, para el filólogo, y para el historiador. Recorriendo á la sombra de las águilas romanas los países á que eslendian sus conquistas, y hermanando las máximas austeras de Zenon con la moral sublime del Evangelio, mas que ley de un pueblo, lo es del género humano: asi sobreviviendo á la nación que le formó, lejos de perecer con la invasión de los bárbaros, pasa á ser precepto de los vencedores modificando sucesiva y lentamente su derecho y sus costumbres, y marcha á estender su dominación á naciones que no habian sufrido el yugo de los Césares. De este modo el derecho romano, dirigiendo al mundo por mas do veinte siglos, viene á ser el derecho inmortal.

Su enseñanza es reputada como la.base del estudio de la jurisprudencia, honor que merece, según dice Mr. Blondeau, porque, como derecho modelo, es para los jurisconsultos lo que para los escultores y para los pintores son las admiraSlcs obras maestras, que nos ha legado la antigüedad. Pero para nosotros el derecho romano no es solo un modelo; es además, bajo cierto aspecto, una parte de nuestro derecho nacional, ya se le considere en el terreno de la historia, ya en el campo de la práctica: leyes romanas componen esclusivamente el famoso código de Aniano; el Fuero Juzgo ya trascribe textualmente algunas, ya con mas frecuencia supone y modifica sus principios; y las célebres leyes de Partidas, este código el mas científico y el de mas uso entre nosotros, .viene á ser en los puntos de derecho civil el reflejo de las compilaciones de Justiniano. De aqui dimana el ardor con que. nuestros jurisconsultos de todas épocas se han consagrado á su profundo estudio: de aquí que al interpretar nuestras propias leyes, no se hayan sabido emancipar del yugo á que voluntariamente se sometían de esplicar las de origen puramente nacional por las que solo habian obtenido carta de naViralizacion: de aqui que en la escuela y en el foro el derecho romano haya obtenido esa autoridad que con tanta frecuencia escede de sus legítimos limites: de aquí por último, que apenas atinamos á decir una regla de derecho ó un adagio jurídico, sin usar del idioma y de la precisión con que nos los trascriben los ilustres jurisconsultos del tiempo de Caracallay Alejandro Severo. El derecho romano, pues, bien se le considere bajo el aspecto científico, bien bajo el histórico nacional, ó bien bajo el puramente práctico, es indispensable al jurista español, que sin el ni conocerá la ciencia á que se dedica, ni podrá penetrar en los orígenes de las leyes, ni comprenderá su filosofía ni su sentido verdadero, ni será por .lo tanto capaz de aplicarlas con acierto.

No sostendré, sin embargo, que ha sido legitimo el influjo esclusivo que por muchos siglos ha ejercido en nuestras Universidades; porque aunque origen de leyes no es ley, sino en cuanto está trascrito en un código español, y porque á su lado se elevan también instituciones desconocidas por los romanos, dimanadas de las tribus septentrionales que los lanzaron de nuestro suelo, otras que mutilarnos del derecho canónico, y otras, finamiento, que tienen un origen verdaderamente nacional. Todas estas leyes son partes de un mismo todo, y este todo es nuestro derecho actual: el jurista español no puede dispensarse del estudio de las diferentes partes que lo forman.

Conocida la necesidad del estudio del derecho Romano en España, examinemos si el estado actual de.su enseñanza ha llegado á la altura que reclaman los adelantos en que otras naciones nos han precedido. Lejos de mi intención está disminuir en lo mas mínimo la consideración justa de que gozan algunos catedráticos de esta interesante parte de nuestra facultad: sus desvelos en el magisterio los hacen dignos del aprecio público, y su ilustración conocida les revela la necesidad de enriquecer- la enseñanza con los preciosos tesoros que las investigaciones de la escuela histórica y los descubrimientos de nuevos textos proporcionan. Pero si en las esplicaciones orales de la escuela algunos profesores han acreditado que estaban al nivel de los adelantamientos modernos, aun nos falta un libro que al mismo tiempo que los comprenda y los ponga al alcance de todos, se acomode á las exigencias de la enseñanza en nuestras escuelas. Esta es la gran tarea que tomo sobre mis débiles hombros, confiando mas en la benevolencia con que las Universidades han acogido mis trabajos anteriores, que en mis fuerzas para llevar á téímino feliz una obra de tan difícil desempeño.

Los autores que mas influencia tienen en las escuelas de España para la enseñanza del derecho romano, no satisfacen las necesidades actuales de la ciencia. Dos autores de gran mérito y de esclarecido nombre en la república de las letras, Vinnio (1) y Heineccio, por mucho tiempo han ejercido el privilegio esclusivo de darnos sus libros como el texto que dirigiera los primeros pasos de nuestros juristas. Los que nos han precedido en el magisterio nos han trasmitido Jos venerables nombres de estos jurisconsultos, rodeados del prestigio á que la sublimidad de sus talentos y la profundidad de sus estudios les daban un derecho indisputable: en nuestro respeto á la memoria de tan eminentes autores, parece que mirando' sus obras como el último límite á que podia

(í) Al hablar de Vinnio comprendo implícitamente la obra que el jurisconsulto español D. Juan Sala entresacó del ilustre alemán con algunas adiciones y notas relativas á nuestro derecho, y que publicó bajo el título Institutioncs Romano-Jíispanai ad usum tironum Htspanorum ordinatm.

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