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años de pruebas. Las leyes que son buenas subsisten, y las que son fruto del error, de la impericia ó de la tiranía, se destruyen por la mano invisible y vengadora del tiempo.

Marchemos pues en busca de los principios de la legislacion guiados por la experiencia: reunamos todo lo útil que se encuentra en las antiguas leyes nacionales; persuadámonos de que ellas serán ciertamente mejores que las de los romanos y griegos, porque tienen el sello de las costumbres públicas, y concluyamos que sin hacer caso de los pueblos ni de los hombres que han descubierto ó hecho aparecer verdades útiles, habremos trazado la teoría exacta de la legislacion, si los principios generales, que hemos expuesto se miran confirmados por las disposiciones legislativas consagradas y conservadas por el tiempo. Es una verdad eterna, y sin duda la mas importante, que el destino del hombre en el órden esencial de la naturaleza es llegar al goce fisico y moral de toda la ventura de que es susceptible. Mas favorecido que los animales, que en la impotencia de comunicar sus pensamientos y sus recuerdos tienen un destino fijo y una inteligencia limitada, el hombre por el don precioso de la palabra (1 o 6), por la facilidad con que

puede reunir todos los conocimientos que ha adquirido, se aprovecha de los consejos del tiempo pasado para elevarse á un grado de perfeccion, cuya naturaleza y límites es dificil indicar. Así el poner trabas á los medios que deben conducirle á este estado es no solamente un crimen ácia el hombre, sino tambien ácia la naturaleza, cuyas benéficas disposiciones se contrarían.

Algunos legisladores de la antigüedad, y todos los modernos, parece que han abrazado una opinion diametralmente opuesta á este principio; pues en vez de examinar al hombre, primero por la parte fisica, y despues por la moral, solamente le han considerado bajo este último aspecto. ¿Será acaso efecto de esa cruel fatalidad que frecuentemente nos hace ir á buscar la felicidad lejos de los lugares en que se encuentra, ó porque los gobiernos temiesen que el caracter de los hombres se hiciese mas independiente de lo necesario? ¿Pensaban por ventura aquellos legisladores que propagando falsas doctrinas, y colocando al hombre en una esfera que no le convenía, encontrarían mas docilidad en el individuo á quien con sus leyes habian reducido á la miseria? ¿O habrían especulado tal vez sobre las desgracias, los desórdenes y los delitos?

La tierra no ha perdido aun su fecundidad primitiva, y vemos sin embargo ancianos, mugeres y niños que se mueren de hambre: no desdeña el brazo del cultivador, y los campos de una gran porcion del globo estan incultos: no se han agotado los tesoros de la tierra ni los vegetales; no se han extinguido las razas de los animales que pueden servir de alimento al hombre; y á pesar de todo los gobiernos y los hombres no tratan sino de adquirir metales que no pueden satisfacer ninguna de las necesidades de la vida.

Los libros estan llenos de disposiciones para castigar los delitos, las leyes hechas, abiertos los calabozos, levantados los cadalsos y prontos los verdugos; pero ¿dónde se encuentran las sábias medidas que los ponderados amantes de la humanidad, los gobiernos que se precian de paternales han tomado para impedir el crímen y cerrar los calabozos? ¿ Dónde las precauciones, benéficas que hagan inútiles los patíbulos, y destierren los verdugos? ¿qué se ha hecho para estorbar que los pueblos y los hombres se despedacen mútuamente? . . . . . . . . . Por el contrario se ha procurado introducir la discordia entre los pueblos; el asesinato se ha transformado en virtud, y el robo

en noble audacia. Se ha hablado á los hombres de sistemas religiosos y políticos, y se les ha encargado que se aborrezcan unos á otros: así se ha visto á católicos, mahometanos, calvinistas &c. detestarse mútuamente, y perseguirse y destrozarse sin conocerse; al Egipto pelear contra sus reyes por sufrir el yugo de los cómplices de Psametico, é

inmolar en seguida á estos para volver á te

ner reyes; se ha visto, en fin, á los romanos degollarse entre sí para someterse sucesivamente á reyes, decemviros y emperadores.

... Despues de haber fatigado al hombre con una multitud de sistemas, se ha dirigido su imaginacion ácia las ideas especulativas, y desde entonces se ha desconocido á sí mismo, el delirio ha ocupado el lugar de la razon, y víctima de la necesidad, y alimentándose siempre de vanas quimeras, se ha hecho el mas feroz de todos los animales.

- Estos desórdenes son demasiado grandes para poderlos precaver todos: sin embargo la legislacion puede disminuir su número, y se conseguirá en parte un objeto tan importante sentándola sobre sus verdaderas bases, y considerando al hombre primero con relacion á sus necesidades físicas, y luego con respecto á las morales; y, esto es lo que trato de probar. Se debe considerar al hombre bajo dos aspectos; como animal, y como ser racional ó inteligente. En el primer caso sigue la suerte de todos los demas animales, y nada le puede desviar del verdadero fin á que le impele el órden invariable de las cosas. En el segundo será todo lo que las leyes quieran, con tal que esten fundadas en un conocimiento exacto de sus necesidades, facultades é inclinaciones.

En cualquier clima que consideremos á la especie humana, y cualquiera que sea la division que hagamos de sus razas, la vida del hombre tiene en todas partes cinco épocas, que son la infancia, la juventud, la edad viril, la vejez y la decrepitud; y alimentarse, guarecerse de la intemperie, vestirse y multiplicarse son las cuatro necesidades que le aquejan durante estos periodos. "... .

La perfeccion de la legislacion, por lo que respecta á la naturaleza física del hombre, consiste pues en determinar el modo de satisfacer completamente sus necesidades. Estas estan subordinadas á la poblacion, cuyo acrecentamiento haciendo cada vez mayor el círculo de los consumidores, dá un nuevo motivo al trabajo, una fuerza nueva á la industria, y un nuevo estímulo al genio de las artes útiles. En efecto, la inteli

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