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Los hombres ó las cosas o son causa de estas crísis terribles. Los hombres, cuandó Belleparo conspira contra los Dercetadas, y ocupa el trono de, Semíramis: las cosas, cuando los hicsos ó, reyes pastores abandonan un suelo ingrato para invadir el fértíl Egipto. El interes público es siempre el pretexto de las revoluciones interiores. Así Arbaces, por atraerse partidarios y saciar su ambicion, llama á los Médos, los Bactrianos y los Babilonios en defensas de la liber-, tad; y los doce reyes pretenden establecer la igualdad de derechos repartiendo entre sí los despojos de Sesostris. . . . . . - El objeto de las revoluciones es cambiar el gobierno de uno solo en otro de muchos, como hicieron los sacerdotes de Apolo. Cariano con el de Sicion; ó el de muchos en el

de uno solo, como la guerra, que dió la coroná de Egipto á Psamético, vencedor de

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los once reyes rivales. Tambien la mudanza de dinastía, como la que puso la corona, de Francia en las sienes de Pepino, el breve; ó el triunfo de una opinion, como la, que armó á los hugonotes, contra los católicos, y estableció sólidamente en Francia el catolicismo, y el protestantísmo en Inglaterra , a 2. v. ....oro, es on 2:

Cuanto mas se extienden y aproximan

á los “tiempos modernos los gobiernos, se ven nacer nuas ideas generales sobre los derechos de los hombres en sociedad. Estas ideas versan al principio sobre la definicion de lo justo y de lo injusto, sobre el sistema de la PROPIEDAD, y la necesidad de dar á cada uno lo que el derecho le concede; en seguida se elevan hasta examinar los derechos, y aun las pretensiones de cada uno, al poder legislativo y soberano. Este es el germen de todas las guerras intestínas, germen que los ambiciosos se apresuran á desarrollar.

o ¿Por qué abuso, dirá Belesis á los Babilonios, se atreven los reyes de Nínive á imponernos leyes? ¿no sóis vosotros tan sabios y tan valerosos como los Asirios? 3 vuestros, derechos son menos sagrados que los suyos?Todos los hombres tienen el mismo origen; y ¿porqué no habeis de aspirar tambien á la gloria de dar vuestro nombre á un pueblo poderoso?”. El pérfido se guarda bien de decir á los suyos: “Todos los hombres tienen derecho á la benevolencia de la sociedad. Esta no puede existir ni ser feliz sin uña sábia elasificacion de todos sus individuos; y en el modo de empleará cada uno segun sus fuerzas y, talento es donde se encuentra la igualdad social. La que

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vosotros invocais es uha quimera.” «v. &

o Quereis sublevaros contra los reyes de Nínive, y para qué? para que os mande ún nuevo gefe: y ¿quién-os asegura que sea mejor que el monarca cuya autoridad tratais de destruir? Si lo conseguís , en vez de hacer parte de un imperio formidable, os vereis reducidos á una miserable poblacion sin fuerza ni apoyo, y destinada únicamente á ser despedazada por las divisiónes intestinas, y devorada por la primer potencia que os declare la guerra. Considerad atentamente los hombres que os incitan á la rebelion: ellos no tienen talento ni virtudes, y toda su fuerza consiste, en su áudacia: ¿ y elegiréis por gefes á unos faccío. sos que tienen necesidad de la sedicion para enriquecerse? Despreciadlos, - al contrario, como á unos viles salteadores o” (47), Pero Belesis no les hará estas, reflexiones, y el pueblo correrá á alistarse en las banderas de la rebelion. zo "... , , , , Los pueblos no pertenecen á los reyes, dicen los revolucionarios, pero si los reyes á los pueblos. Esta doctrina es falsa y pel ligrosa. Falsa; porque en ningun caso se puede considerar á los reyes como una propiedad de los púeblos, ni á estos comó una propiedad de los reyes, á no descender

al absurdo descreer que el mandatario, por el solo hecho del mandato se convierta en propiedad del comitente, y que éste á su vez pase bajo el dominio útil del mandatario. Peligrosa; porque en un estado en que el poder soberano es hereditario en una familia, no solo conspira á trastornar el trono, sino que destruye todo el sistema de propiedad. a, . . . . . e . . . . . .

Con efecto; si se ataca la primera de las propiedades, que es el trono, las demas ya no son nada, pierden el apoyo de la justicia para a pasar bajo el imperio de la fuerza; y por una consecuencia necesaria, el partido que tiene bastante poder para hacer que triunfe esta máxima desorganizadora se hace dueño de todas las propiedades. . . . En los gobiernos electivos el magistrado supremo no obtiene el poder sino por via de concesion condicional, temporal, y puramente personal; y por esto sus derechos y sus deberes, son los de un mandatario especial; pero en los gobiernos hereditarios, le tiene por derecho de sucesion, usa de él como de una propiedad, y no tiene que dar cuenta de su administracion. Este último sistema adoptado en Europa, ha hecho del trono la mas noble, mas augusta y mas santa de las propiedades, dando al Monarca la magestad de un juez supremo, la autoridad de un padre, y el poder de UlIl 3l IIlOe

Los políticos revolucionarios no admiten esta distincion, y para embrollar mas completamente todos los principios y todas las reglas, consideran á los pueblos como un cuerpo idéntico y compuesto de partes homogéneas; lo que es un error craso, pues si así fuese, los reyes se verán aislados y en la impotencia de hacer otra cosa que la voluntad de los pueblos; para lo cual sería necesario suponer que estos fuesen cons-. tantemente sabios y justos. Es evidente, por el contrario, que los reyes siempre tienen de su parte una porcion de este mismo pueblo; y ésta porcion , que se compone las mas veces de hombres que lo sacrificarán todo á su interés personal, está siempre dispuesta á combatir á la otra. , - Cualquiera division entre los reyes y los pueblos es la mayor de todas las calamidades públicas, pues conduce á la guerra civil; asi como las mas desastrosas de todas las revoluciones son las que se hacen por causa de religion, no solo porque se hacen generales, sino porque el pueblo, que no sabe distinguir la mano que le dirige, se entrega á discrecion del primer impostor. .

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