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po y de los lugares en que han sido establecidas, y del genio de los pueblos que las hán abrazado. Merecen nuestro respeto á causa del principio sagrado en que se, fundari; nuestro reconocimiento porque sul objetó és hacer mejot al hombres y nuestra indulgencia respecto de las ceremonias supersticiosas de que casi siempre estan acompañadas, por ser estas ceremonias obra del hombre. 1915 P: Los pueblos que han tenido la dicha de recibir los dogmas purificados de ltodos los errores de la' idolatría y de la supersticion, deben compadecerse y no perseguir á-los que no han obtenido del cielo igual gracia (147). Fal res: el principio quès une á todasstas. religiones entre síos :** O'w sa bili smo o nis! "Los sofistas modernos separan la religion aediatråzon del estado," v pretenden que se puede gobernar la república sin religion. Hbf3 nio (748), que en este punto sigue los principios de Seleuco y de Charondas (149), dice que semejante opinion destruye todos los fundamentos ide, bao política, y prueba que la religion ces absolitamente necesaria en vin gobierno; que dal verdadera srażont de pesta do no puede estar jamás i en oposicion con los cultos; que donde no hay religión, tamb poco spoeden existirophctoś nizalialazas dun radetas pues que todas estan apoyadas en

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santidad del juramento, que no es otra a que una invocacion al Todo-poderoso nsiderándole como remunerador y venga. r. Si no existiese, pues, el juramento, no bria motivo para mirar con tanto horror perjunio, y se podria faltar á la buena impunemente y sin vergüenza.

Se puede considerar a la religion. bajo os aspectos; á saber, el del poder temporal, el del espiritual. Bajo el primero, el ejercio del culto depende absolutamente del bịerno civil; y bajo el segundo, como la ligion no es entonces mas que un poder oral, no tiene relacion sino con la doce iną, cuya direccion pertenece en este caso sus ministros.

No es, pues, la religion, como algunos an supuesto, contraria á la unidad del goierno civil. Pero cuando los gefés del esta o quieres que prevalezca el poder de las irmas en favor de una secta, se puede convertir la religión en un manantial de desórdenes ; en cuyo caso no hay que culparla á elfa sino al gobierno', pues los gefes de un estado, como encargados de la administracion suprema, no deben decidirse oficialmente, por Liitero ni por i Calvino, ini por Descartes ó Newton, sino dejar, al cuidado del cuerpo eclesiástico y de los sabios el

juzgar de las doctrinas, ocupándose ellos únicamente en proteger las personas y dirigir la administracion pública.

¿No hubiera sido mas feliz la Inglaterra si un Henrique VIII (1519), y un Jacobo 1.o (1603) en lugar de meterse en controversias teológicas se hubiesen dedicado á gobernar bien ? La Francia ¿tendría que llorar los des. órdenes que produjeron las Cruzadas y la Liga , si sus reyes no hubiesen estado ani, mados de un falso celo por la religion ?

Sin embargo, el gobierno tiene obligacion de estar alerta para que no se erija en sistema la intolerancia, y cuidar que los ministros sean bastante instruidos, á fin de que el ejercicio del culto no degenere ensua persticion, pues ésta es tan injuriosa á Dios como funesta al hombre, y con razon ha sido llamada por los filósofos "un falso jui. »cio de la Divinidad, acompañado de dis» turbios y agitaciones : un temor mal en-, wtendido que nos hace adorar dioses extra»ños, y nos induce á tributarles un culto „desaprobado por los sabios de la religion.

Por último (150), la religion es la mos ral propiamente dicha: por consiguiente debe ser una parte integrante é indivisible del pacto social (1 51), y al gobierno toca cuidar que no se aparte de su 'verdadero fin. '

Como hay una multitud de pormenores ue el legislador no puede arreglar ni preer, tiene la religion que llenar estos vaos, inclinando el corazon del hombre al ercicio de todas las virtudes. Por esta raon se recomienda en ella la sumision á los 1periores (152), la fidelidad (153), la jusicia (154) y el celo en los diferentes emleos (155). Ella quiere que el ciudadano ea rígido observador de las leyes de la naaturaleza y de la honestidad (156); prosribe la violencia (157), la avaricia (158), i destemplanza y todas las pasiones (159); (escribe los sublimes principios de la moral liciendo a los hombres que se abstengan del asesinato, del robo, del adulterio y del falso estimonio (160), convidándolos á que se amen mútuamente y se sacrifiquen por sus amigos (161), á volver bien por mal, á dar de comer á su enemigo si tiene hambre y de beber si está sediento (162); á alejar de sí todą idea de venganza , aun con sus opreso

confiando cięgamente en la justicia y la bondad divina (1637. Ini

"Admirad , grita á los hombres, admii rád la belleza, esplendor é inmensidad del »universo (164): considerad esa multitud vinculeulable de cuerpos luminosos que va»gan en el espacio, y: adorad al Ser inteli

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»gente autor de tantas maravillas. Su mano » poderosa es la que fertiliza vuestros cam» pos; él es quien os envía el aire pura que w respirais, y'a él sois deudores del padce »que os ama ,. de la madre que os acaricia, »y de la esposa que hace vuestra felicidad: »él está presente á todas vuestras acciones y » penetra los pensamientos mas ocultos i de » vuestra alma. Si la memoria de una buena »accion os inunda á veces de un placer ce„lestial, esto es una recompensa que el cielo » concede á vuestras virtudes; pero si por el » contrario os despedaza el gusano roedor de o los remordimientos, i desgraciados! babeis »sido criminales y él os castiga.

„Existen leyes anteriores á todas las insistituciones humanas, y que emanan de la i voluntad del Eterno, que os inclinan á "amar á vuestros bienhechores, a aliviar á i vuestros semejantes, á no oprimir (aunque » podais hacerlo sin temor de la justicia hu. omana) al hombre débil que os someten las »citcunstancias, y á sacrificar generosamen»te. vuestros intereses. por el de los demas. „Por ellas: tiene la verdad tan poderosos » atractivos, el hombre dignidad, y el orden 1 de la sociedad sancion.

:!, Det vise „Todos los bienes de la tierra son pere„cederos o engañosos: el amor os hace trai

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