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po y de los 1ugares en qüe han sido establecidas, y del genio de los pueblos que las han abrazado. Merecen nuestro respeto á causa del principio sagrado en que se fundar; nuestro reconocimiento porque su objetó es hacer mejof al hombre; y nuestra indulgencia respecto de las ceremonias supersticiosas de que casi siempre estan acompañadas, por ser estas ceremonias obra del hombre. o , • Los pueblos que han tenido la dicha de recibir los degfrias purificadoso de todos los errores de la idolatría y de la supersticion, deben compadecerse y no perseguirá los que no han obtenido del cielo igual gracia (47), Fal es el principio que une á todas, las religiones entre sí.esav es a sus no tiva o i, * Los sofistas modernos separan la religion de la razono de estado, y pretenden que se puede gobernar la república sin religion. Hofnió(48); que en este púntó sigue les principios de Seleuco y de Charondas (49), dice que semejante opinion destruye todos los fundamentos ide, la opolítica, oyd prueba que la religiones absolitamente necesaria enuin gobierno; que da verdadera orazon de esta do o no puede estar jamas en opósicion con los cultos; que donde no hay religión, tamipocos ppeden, existiro pactos nizalianzaso duraderas, pues que todas estan apoyadas en

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la santidad del juramento, que no es otra cosa que una invocacion al Todo-poderoso eonsiderándole como remunerador y venga. dor. Si no existiese, pues, el juramento, no habria motivo páramirar con tanto horror el perjunio, y se podria faltar á la buena fe impunemente y sin vergüenza. . Se puede considerar á la religion bajo dos aspectos; á saber, el del poder temporal, y el del espiritual. Bajo el-primero, el ejercicio del culto depende absolutamente del gobierno civil; y bajo el segundo, como la religion no es entonces mas que un poder moral, no tiene relacion sino con la doc

trina; cuya direccion pertenece en este caso

á sus ministros. . . . . . . . o 2 s. No es, pues, la religion, como algunos han supuesto, contraria á la unidad del gobierno civil. Pero cuando los gefes del esta

do quieren que prevalezca el poder de las

armas en favor de una secta, se puede convertir la religion en un manantial de desórdenes; en cuyo caso no hay que culparla, á ella sino al gobierno, pues los gefes de un estado, como éneargados de la administracion suprema, no deben decidirse oficialmente, por Liutero ni por i Calvino, ni por Descartes ó Newton, sino dejar al cuidado del cuerpo eclesiástico y de los sabios el juzgar, de las doctrinas, ocupándose ellos únicamente en proteger las personas y dirigir la administracion pública.

¿No hubiera sido mas feliz la Inglaterra si un Henrique VIII (r 5 19), y un Jacobo I.o (16 o 3) en lugar de meterse en controversias teológicas se hubiesen dedicado á gobernar bien?. La Francia ¿tendría que llorar los des. órdenes que produjeron las Cruzadas y la Liga, si sus reyes no hubiesen estado animados de un falso celo por la religion ? ->

Sin embargo, el gobierno tiene obligacion de estar alerta para que no se erija en sistema la intolerancia, y cuidar que los ministros sean bastante instruidos, á o fin de que el ejercicio del culto no degenere en supersticion, pues ésta es tan injuriosa á Dios como funesta al hombre, y con razon ha sido llamada por los filósofos “un falso jui» cio de la Divinidad, acompañado de dis» turbios y agitaciones: un temor mal en» tendido, que nos hace adorar dioses extra»ños, y nos induce á tributarles un culto » desaprobado por los sabios de la religion” , - Por último (1 5 o), la religion es la moral propiamente dicha: por consiguiente debe ser una parte integrante é indivisible del pacto social (1 51), y al gobierno toca cuidar que no se aparte de su verdadero fin. 3 Como hay una multitud de pormenores que el legislador no puede arreglar ni prever, tiene la religion que llenar estos vacíos, inclinando el corazon del hombre al ejercicio de todas las virtudes. Por esta razon se recomienda en ella la sumision á los superiores (1 52), la fidelidad (1 53), la justicia (154) y el celo en los diferentes empleos (1 55). Ella quiere que el ciudadano sea rígido observador de las leyes de la nanaturaleza y de la honestidad (1 56); proscribe la violencia (1 57), la avaricia (1 58), la destemplanza y todas las pasiones (1 59); describe los sublimes principios de la moral diciendo á los hombres que se abstengan del_ asesinato, del robo, del adulterio y del falso testimonio (16 o), convidándolos á que se amen mútuamente y se sacrifiquen por sus amigos (1 6 1), á volver bien por mal, á dar de comer á su enemigo si tiene hambre y de beber si está sediento (162); á alejar de sí toda idea de venganza, aun con sus opresores, confiando ciegamente en la justicia y la bondad divina (1 63). 2 ....i a . a - o Admirad, grita á los hombres, admio rad la belleza, esplendor é inmensidad del » universo (164): considerad. esa multitud vincaleulable de cuerpos luminosos que va»gan en el espacio, y adorad al Ser inteli

»gente autor de tantas maravillas. Su mano » poderosa es la que fertiliza vuestros cam» pos; él es quien os envía el aire puro que o respirais, y á él sois deudores del padre » que os ama, de la madre que, os acaricia, » y de la esposa que hace vuestra felicidad: » él está presente á todas vuestras acciones y » penetra los pensamientos mas ocultosi de »vuestra alma. Si la memoria de una buena »accion os inunda á veces de un placer ce»lestial, esto es una recompensa que el cielo s» concede á vuestras virtudes; pero si por el » contrario os despedaza el gusano roedor de s» los remordimientos, desgraciados habeis » sido criminales y él os castiga. . . . . ..."

» Existen leyes anteriores á todas las ins" » tituciones humanas, y que emanan de la o voluntad del Eterno, que os inclinantá » amará vuestros bienhechores, á aliviará »vuestros semejantes, á no oprimir (aunque » podais hacerlo sin temor de la justicia hu

» mana) al hombre débil que os someten las

»circunstancias, y á saerificar generosamen»te vuestros intereses por el de los demas. » Por ellas tiene la verdad tan poderosos » atractivos, el hombre dignidad, y el órden o de la sociedad sancion. - , , o ro si , Todos los bienes de la tierra son pere»cederos ó engañosos: el amor os hace trai

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